Colores en la oscuridad

Ésta es una historia basada en dos personajes del videojuego "League of legends", Lulu y Veigar, a los que les tengo mucho cariño. Escribí esta historia para un concurso de relatos basados en el susodicho juego.


Colores en la oscuridad

La luz del crepúsculo se infiltraba entre las ramas y las hojas de los árboles que rodeaban el Claro, inundándolo de una explosión de cálidos colores que el sol, antes de irse a acostar, permitía a todos disfrutar acompañados de la suave brisa del verano que mecía cada rincón del bosque con ternura.

La risa de los niños resonaba como risueños cascabeles por todo el lugar, y es que no hay nada más divertido que jugar al escondite por el busque durante una tarde de verano.

Sí, sin duda, Lulu echaba de menos tener un poco más de compañía. No es que no le gustara jugar con Pix y las otras hadas, es sólo… bueno, algo complicado, como un pinchacito de anhelo en su corazón. Ni la propia Lulu podía encontrar las palabras exactas para describirlo. Pero eso ya no importaba. No ahora, cuando le tocaba buscar a sus nuevos amigos.

Terminó de contar en voz alta y se encaró con el bosque, preparada para buscar hasta debajo de las piedras. Y entonces le vio, oscuro y desorientado, mirándola fijamente con extrañeza. Su nombre era Veigar, quien jamás se había propuesto llegar a aquel rincón del mundo.

Lulu le devolvió la mirada, sorprendida. Mas antes de que el misterioso yordle pudiera articular palabra, la niña le apuntó con su bastón rauda y veloz y, entre alegres risotadas, lo convirtió en una inofensiva ardilla de oscuro pelaje. No hicieron falta explicaciones, ni siquiera palabras, Lulu le dirigió una intensa mirada y se escabulló corriendo entre los árboles, siguiendo con la diversión y los juegos que gobernaban aquel lugar.

El nuevo jugador, cada vez más confuso, su mente cada vez más nublada, la siguió por aquel bosque cubierto de una ancestral y poderosa magia, como si en un dulce sueño se hallara. Y así fue como el sol siguió su curso lentamente, pasando del suave crepúsculo a la profunda noche, dificultando cada vez más la visión a los niños que, sin reparar en la hora, seguían corriendo, saltando y riendo por aquí y por allá.

Apenas podían verse las manos o allá donde ponían los pies cuando Lulu y su nuevo amigo se ocultaron entre las raíces de un grueso roble, a la espera de que los encontraran y así poder volver a comenzar el juego. Y en el armonioso silencio del bosque nocturno, Veigar sintió su mente clara como no lo había estado en años, como si hasta aquel momento tan sólo hubiera sido un silencioso y horrorizado espectador que observaba, a través de sus ojos, su cuerpo moverse dirigido por la oscuridad que había enturbiado su mente y su corazón.

Habló de aquella oscuridad, de las tinieblas, de la maldad oculta en las sombras de la noche.

Mas Lulu, siempre de ojos relucientes, arrastró al triste yordle por el tronco de aquel árbol hasta llegar a lo alto, donde le descubrió el enorme cielo de la noche, iluminado por la llama de las estrellas y los sueños de la luna. La noche estaba llena de colores. Y una vez más, una sonrisa le dedicó.

     -Siempre hay un vestigio de luz en las sombras, lo único que tienes que hacer es buscarlo. Y así encontrarás los colores que has perdido.

Veigar le devolvió la sonrisa, mas la suya lucía triste.

     -Puede que tengas razón –respondió, no sin cierta inseguridad.

Con la llegada del amanecer, llegó el momento de separarse.

Y así, el oscuro yordle abandonó el Claro. Y a Lulu en él. No hubo despedida, ninguno de los dos lo habría permitido, y mucho menos soportado. Mas su mente pronto volvió a oscurecerse; nada más salir del bosque encantado, una capa de sombras cubrió el recuerdo de su encuentro con la hechicera.

Lo único que quedó de él fue una escueta nota en la que afirmaba que debía seguir viajando, que no podía quedarse en el Claro con ella, pues la oscuridad había entrado demasiado en su interior.

Lulu se secó las lágrimas y abrazó aquel papel.

     -Algún día, nos volveremos a encontrar –juró en un susurro-. Algún día, los colores te volveré a mostrar.

-Zöe Öz

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