sábado, 31 de enero de 2015

Helga Sveindöttir

No me he podido resistir y he abierto otra página en el blog.
Como veo que voy a tardar más de lo que pensaba en un principio en ir actualizando Menos lobos, Caperucita, he decidido y subiendo también la Saga de Helga Sveindöttir, que está basada en la biografía de un personaje con el que estoy jugando una partida de rol de Edad Oscura Vampiro.
Es algo que me divierte ir haciendo a medida que avanza la historia en la partida.
Y prometo subir otro fragmento de Menos lobos, Caperucita dentro de poco.

-Zöe Öz

domingo, 11 de enero de 2015

Historia (parte I)

He aquí el inicio de la historia al fin :)

Menos lobos, Caperucita

El viento traía consigo el hedor del ejército enemigo, que poco a poco iba apareciendo allá en el horizonte. Orcos, goblins, esqueletos vivientes y toda clase de bestezuelas de la Oscuridad avanzaban con paso firme, todos mezclados, trayendo con ellos el caos y la destrucción que tanto adoraban, amenazando la seguridad de los reinos de la Luz.
Cassidy observaba el panorama apoyada contra las puertas de la muralla exterior. Notaba el nerviosismo que recorría el lugar, ese extraño silencio que se extiende en mitad del momento previo a la batalla. A Cassidy le agradaba y le ponía histérica a partes iguales aquella sensación; era señal de que todavía no había empezado lo peor, aunque tampoco habría que esperar demasiado.
La semienana repasó varias veces lo que llevaba consigo a aquella batalla y observó durante un largo rato la preciosa hacha de guerra que hacía poco había conseguido, como si fuera una madre mirando a su hijo recién nacido. Escuchó a varios guerreros gritarse órdenes y mensajes entre ellos. Por lo menos, se dijo, esos inútiles conseguían mantener la calma medianamente. Ya era algo, teniendo en cuenta que Cassidy estaba segura que más de la mitad del trabajo lo haría ella sola.
Sonrió irónicamente. Vamos, a estas alturas no podía quejarse, se había vuelto muy fuerte. Si caía –que lo dudaba-, se llevaría a más de uno con ella.
     -¿Cassidy? –la voz de Lance resonó entre las demás.
La aludida sonrió y observó al apuesto elfo.
     -¿Lo tienes todo claro? Llevas mucho rato callada.
Cassidy rió.
     -Sí, sí. Soy vuestro tanque estrella. Voy a enviar a esos capullos Oscuros al Vacío de un hachazo en la cabeza.
Escuchó a otros guerreros reír. Aunque, por encima de todo, escuchó la risa de Lance. Y es que la voz de ese condenado elfo era la más sensual que jamás hubiera escuchado. Cuando todo aquello terminara, quizás…
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una lluvia de flechas enemiga y un grito de guerra por parte de su centurión. La acción comenzaba y a Cassidy, durante unos instantes, le temblaron las manos. La voz de fondo de Lance asegurándole que él le apoyaría desde la retaguardia la tranquilizó –Lance era uno de los magos más poderosos que contaban en sus filas-, agarró con ambas manos su hacha y comenzó a correr junto a sus compañeros de batalla, dispuesta a enfrentar aquellos enormes orcos de las primeras filas enemigas.
Cassidy era bastante impulsiva, así que inició la batalla con gran fiereza, como de costumbre. Se sentía segura ya que veía de vez en cuando impactar contra alguno de los mastodontes que tenía delante los hechizos que Lance y los otros magos lanzaban desde la muralla.
Al cabo de un buen rato de batalla, la semienana se topó con el enemigo natural de los de su clase: un goblin. Esos tiparracos verdes asquerosos con cara de murciélago habían mantenido durante siglos su propia guerra contra el Pueblo de las Minas –pese a ser una semienana, Cassidy simpatizaba más con los enanos que con los humanos. La guerrera sonrió ampliamente, se pasó la lengua por los labios y cargó contra aquel detestable ser de la Oscuridad.
El desgraciado era rápido, sabía esquivar sus golpes. Pero Cassidy también tenía sus trucos; pegó un grito y un potente rayo cayó del cielo y la golpeó. Cassidy se sentía más viva que nunca, sabía que tenía acorralado a aquel indeseable.
     -¡A cenaaaaar! –escuchó un grito amortiguado tras ella.
Cassidy ignoró el grito y continuó con aquel pequeño combate privado, pero no tardó demasiado en volverlo a escuchar.
El corazón se le aceleró y falló un par de ataques, se estaba poniendo nerviosa y eso no era buena señal.
Consiguió al fin matar deshacerse del goblin y siguió adelante frenéticamente. Tenía que acabar aquello ya. No tenía mucho tiempo. Maldita sea, ¡ella era Cassidy, una semienana del clan Fairchild! ¡No podía estar en todas partes al mismo tiempo! Y, desde luego, había esperado demasiado para aquella gran batalla, la definitiva entre la Luz y la Oscuridad, y ni siquiera iba a poder disfrutarla al máximo. La gran guerra estaba llegando a su fin y ella estaba desconcentrada, con la cabeza lejos de la lucha…
Y lo peor todavía no había llegado…
Oyó un estruendo a sus espaldas.
     -¡Sabrina, haz el favor de bajar a cenar! –gritó Elena, la madre de la semienana, entrando a trompicones en la cueva que era su habitación.
     -¡Mamá, estoy a media partida! –se quejó Cassidy, que comenzaba a perderse a sí misma en mitad de la batalla.
     -¡Pues le das al pausa! –continuó gritando Elena.
Cassidy resopló nerviosa.
     -¡Es On-Line, mamá, no puedo pausarla!
Pero razonar sobre aquel tema con Elena era imposible. No era la primera vez que recitaban aquel guión.
     -¡Cassidy, ¿qué haces?! –escuchó un grito horrorizado del campo de batalla- ¡Sigue el plan! ¡El plan!
Pero su habitación comenzaba a convertirse también en un campo de batalla. Sólo que en este caso Cassidy no estaba segura de poder salir victoriosa.
     -¡Me importa un comino! –replicó Elena- ¡Déjate de jueguecitos y baja a cenar ya!
Los gritos de su madre se mezclaron con los de sus compañeros de batalla. Cassidy, histérica, les gritó que se callaran y se quitó los auriculares. Sabía que la batalla contra la Oscuridad ya la había perdido, ahora faltaba la batalla contra… oh, no…
Elena estaba fuera de sí. Cassidy intentó explicarle que estaba hablando con sus colegas aventureros, pero ya era demasiado tarde. Le pegó una bofetada seguida de un discurso lleno de irritación y se llevó arrastras de la chica de la habitación.
En la pantalla podía leerse en grande “HAS MUERTO”, y en el pequeño chat que había en una esquina iban apareciendo gritos de ayuda y algún que otro enfadado y casi ofensivo, dirigidos todos a Cassidy. También se escuchaba un eco lejano salir de los auriculares que se habían quedado allí, una caótica mezcla de música ambiental, efectos sonoros y gritos de chavales irritados.


¿Qué tal el inicio de la historia? Básicamente ha sido la introducción a otro de los protagonistas: la buena de Cassidy.
Como ya dije, seguiré subiendo a Menos lobos, Caperucita a medida que vaya escribiendo.

-Zöe Öz

jueves, 1 de enero de 2015

Introducción

Por el momento, no tengo más que la introducción de la historia, un prólogo.
Más adelante, abriré una página a parte en el blog donde estará todo lo que haya ido escribiendo junto (porque por la parte de blog iré subiendo poco a poco fragmentos que vaya añadiendo).
Es la primera vez que escribo de esta forma, así que si alguien lee mi historia, espero que le guste y que no se estrese demasiado con el blog.

Menos lobos, Caperucita

Puck se aburría como nunca antes lo había hecho. En realidad, siempre se aburría, pero cada día que pasaba lo hacía un poco más. De no haber tenido cosas que hacer –cosas aburridas, por supuesto-, habría escrito un libro entero destilando el aburrimiento. Podría haberlo alargado a una trilogía. O quizás una saga.
Mientras intentaba comenzar mentalmente la primera parte de la Enciclopedia sobre el Aburrimiento, iba de aquí para allá con la escoba. La gente normal, supuso Puck, tiene despachos razonablemente grandes o pequeños, dependiendo de qué clase de despacho sea. Pero el despacho de su maestro era otro cantar, jugaba en una liga muy superior. Era más grande que la biblioteca de Alejandría –Puck nunca había estado allí ni había visto cómo era de grande ese lugar, pero sonaba a algo importante y lo suficientemente grande como para compararlo con el laberinto de estanterías y armarios que había tras el escritorio en el que se sentaba a trabajar su maestro. Aun así, le tocaba a él limpiar que para algo era el aprendiz.
Oh, sí, el aprendiz... Pero, ¿aprendiz de qué? Puck había vivido con su maestro durante mucho, muchísimo tiempo. Ahora que se detenía a pensarlo, no recordaba cuándo había comenzado su aprendizaje, si es que limpiar y ordenar la casa era parte de ello. Oh, bueno, eso y las otras cosas aburridas. Si le llegan a decir en su día a Puck que iba a ir a hacer de aprendiz para estar todo el santo día limpiando y ordenando –bueno, había oído rumores acerca de otros “maestro” que tenían igual a sus aprendices- y practicando su caligrafía, ortografía, gramática, léxico, capacidad de leer en voz alta... en fin, quizás se habría metido a mozo de almacén, o alguna de esas cosas en las que haces verdadero ejercicio y cuando te vas a dormir no piensas “rayos, hoy sí que ha sido un día duro, he limpiado de arriba abajo el baño”. De hecho, se dijo Puck, él jamás trataría de aquella forma a su aprendiz, si es que algún día dejaba de serlo él para recibir el gran privilegio de tener uno a su cargo.
Estaba tan absorto en sus pensamientos y refunfuñando entre dientes que ni siquiera se dio cuenta de que se adentraba cada vez más con la escoba y los otros cacharros de limpieza en la infinita biblioteca.
     -Ya estoy harto –se quejó indignado, moviendo la escoba como si fuera una espada y pudiera cortar su frustración-, quiero un poco más de emoción en mi vida. No puede ser que esto sea mi vida para el resto… ¡de mi vida!
Puede que eso fuera el empujón que le faltara. Decisión. Sí, exacto, no podía seguir así eternamente, tenía que hacer algo. La cuestión era… ¿qué podía hacer?
Al parecer un “algo” superior tenía otros planes para él. Llamémosle Dios, Destino, Universo, Fuerza… la cuestión es que tenía un buen camino por delante. Y acababa de adentrarse en él sin darse cuenta siquiera.
Escuchó un fuerte estruendo a su lado. Y vio que una estantería caía hacia atrás por culpa de sus maniobras poco acertadas de esgrima escobera, llevándose por delante todo lo que encontrara. Y lo que encontró fueron más estanterías. Por suerte Puck no estaba en su punto de mira, cuando aquella caída en cadena hubo terminado, suspiró tranquilo. Dos segundos después se dio cuenta de lo que había hecho y entró en pánico.
     «He pedido un poco de acción en mi vida, ¡pero ahora puede que el maestro me mate! En fin, ¿no dijo alguien que “morir sería una gran aventura”? –se lamentó mientras rodeaba el mueble con cuidado, intentando levantarlo sin pillarse los dedos-. Bah, ¿quién sería tan necio de pensar algo así?»
No había remedio, el mueble pesaba como un muerto y no había forma de levantarlo… ¡Magia, claro! Con magia se pueden hacer muchas cosas, ¿verdad?
     «Menos mal que mi maestro es mago y me ha enseñado algún truco útil»
Puck rio irónicamente.
     «Oh, espera. No lo ha hecho»
El muchacho suspiró desanimado. ¿Qué clase de maestro no le enseña nada útil a su pupilo? En fin, la estantería no se levantaría por si sola, así que lo mejor que podía hacer era dejarse de lamentaciones e ir a buscar algo con lo que hacer palanca y arreglar aquel desastre antes de que su maestro volviera y lo convirtiera en punto de libro.


-Zöe Öz

Érase una vez...

Los cuentos es algo que siempre me ha fascinado. Me encanta leer, en especial las historias de fantasía, y creo que todo comienza en lo más básico, en lo más antiguo: las fábulas. una y otra vez, estas historias han ido modificándose, dependiendo de la época y de las manos y/o boca que pasaran.

Quiero escribir una historia que contenga cuentos, fábulas tradicionales. Por ello he creado este blog, para tener un rinconcito del cybermundo en el que pueda ir añadiendo mis escritos. He llamado "Menos lobos, Caperucita" al blog porque fue el nombre provisional que le puse al documento en el que voy escribiendo esa historia de la que hablaba y porque siempre me ha hecho gracia esa expresión. Pese a todo, eso no significa que la protagonista de mi historia vaya a ser Caperucita (es uno de mis cuentos favoritos, así que muy posiblemente añadiré personajes del mismo).


Argumento:
Algo extraño ha ocurrido en el mundo. Los personajes de los cuentos populares están despertando dentro de cuerpos humanos y algunos de ellos con recuerdos tortuosos de sucesos ocurridos en su antigua vida. Y parece que el hecho de que la gente de su alrededor no tenga ni idea de qué están hablando cuando dicen cosas como “el gato me mintió” o “mi hermana quiere matarme” no los detiene.
Y en todo esto, Cassidy, una jugadora de rol muy friki, y Arturo, un profesor de lengua y novelista frustrado en sus ratos libres, reciben un día la visita de Puck, un misterioso gato parlante que afirma necesitar su ayuda para arreglar cierto desastre que ha armado sin querer.

-Zöe Öz