Reaper

Título: Reaper
Género: fantasía, mundo alternativo, romance, acción/aventura.
Categorías (FanFic.es): Anime/Manga, Naruto.
Personajes: Hinata Hyuuga, Naruto Uzumaki, Sakura Haruno, Sasuke Uchiha.
Sinopsis: A Hinata la vida siempre la trató como a una persona corriente. Era buena en los estudios y tenía pocos amigos, aunque los mejores que hubiera podido desear. Y todo eso cambió de la noche a la mañana cuando, en un accidente de autobús, murió.

O eso habría tenido que hacer, técnicamente. Sin embargo, milagrosamente regresó a la vida, aunque a partir de ese momento, todo para ella iba a cambiar. Ahora era una Reaper, una enviada de la mismísima Muerte, cuyo trabajo consistía en ayudar a las almas de los difuntos a pasar al Otro Lado y a evitar todas las muertes provocadas por Entes Sobrenaturales.

Ahora Hinata deberá cumplir con su misión y afrontar que las leyendas sobre vampiros, hombres lobo, fantasmas, hadas… siempre han sido reales. El problema llega cuando aparece Naruto, un muchacho que no está ni vivo ni muerto y cuyos ojos azules vuelven loca a Hinata.
Nota: Me apetecía escribir algo basado en Naruto y aquí lo tenéis :3 Alterta spoiler (?): adoro el NaruHina :P

REAPER

Capítulo 1: El nuevo alumno

Hinata Hyuuga observó su reflejo en el espejo de cuerpo entero que tenía en la puerta de su armario ropero. Nada era diferente al día anterior, se dijo, tratando de convencerse a sí misma una vez más. Se levantó el jersey y la camisa de su uniforme escolar y observó la marca de un enorme zarpazo en su costado. No le dolía y sabía que pronto desaparecería.
Sin embargo, suspiró al pensar que, si volvía a toparse con un hombre lobo durante el verano, la operación bikini iba a ser más compleja de lo que habría podido imaginar. Y es que no puedes ir por la playa como si nada cuando tu cuerpo está plagado de cicatrices. ¿Cómo le explicas a la gente lo ocurrido?
“No es nada, ¿recuerdas que hace un par de noches fue luna llena? Pues resulta que me peleé con una manada de hombres lobo que habían perdido por completo el control”.
No, no podía decir aquello y quedarse tan tranquila. Incluso Sasuke, su mejor amigo, comenzaría a hiperventilar al escuchar aquella historia, y eso que él ya estaba acostumbrado a verla hecha un asco después de algún encuentro con Entes Sobrenaturales.
     -Nee-chan, mamá dice que si no te apuras tendrás que irte sin desayunar –la voz de Hanabi, la hermana pequeña de Hinata, sonó al otro lado de la puerta de la habitación.
La ojiperla mayor dio un respingo y se recolocó la ropa al instante, justo cuando se abría la puerta y la cabeza de Hanabi se asomaba con curiosidad.
     -¿Qué haces? –preguntó- Estás guapa, nee-chan, deja de mirarte al espejo… ¡o me comeré tu parte! –y acto seguido se marchó corriendo y riendo.
Hinata suspiró, aunque una sonrisa se esbozaba en sus labios. Adoraba estar viva y tener todavía una vida normal. Medianamente normal, si excluimos el tema de los Entes.

Sasuke Uchiha esperaba de brazos cruzados en la estación de tren, mirando a su alrededor en busca de su amiga de ojos perlados. Llegaba tarde. Y le iba hacer a él llegar tarde también, como no espabilara.
El último tren que no le haría llegar tarde a clase estaba a punto de entrar en la estación. Sasuke chistó entre dientes y soltó un profundo suspiro. Lo último que sabía de su amiga era lo que le había dicho por teléfono la tarde anterior:

     -¿Has oído eso?
     -¿Oír? ¿El qué?
     -Un aullido.
     -Será… ¿un perro?
     -No, Sasuke. Eso no era un perro. Perdona, tengo que colgar. Hay algo que debo comprobar.

     Joder, ¿no había nadie más que pudiera ir a comprobar el aullido?, Sasuke arrugó la nariz y frunció el ceño al rememorar aquella conversación.
El tema de espíritus y monstruos nunca le había interesado, era algo que prefería no tocar. “Si ignoras a las criaturas de las sombras, ellas te ignorarán”, le gustaba seguir aquella filosofía y eso había tratado de hacer durante toda su vida.
Hasta que un día encontró a su mejor amiga inmovilizando a una mujer contra un árbol con dos katanas para a continuación clavarle una estaca en el corazón al más puro estilo Buffy Cazavampiros.
Nunca había acabado de entender cuál era su misión como Reaper. Era una especie de exorcista-cazadora de monstruos. No tenía demasiado sentido, pero había decidido darle su apoyo en todo lo que pudiera. Primeramente, porque ella era su mejor amiga y creía que debía estar a su lado, aunque fuera ante las puertas del mismísimo Infierno, y segundo, porque ya no era capaz de ignorar que el mundo era mucho más grande de lo que habría querido y prefería aceptar la aberrante verdad antes que volverse loco por completo.
Tal vez se había vuelto loco al aceptar la verdad. Solía decirse eso de vez en cuando. Y es que nada parecía tener sentido cuando se trataba de la segunda vida de Hinata Hyuuga.
     Ah, hablando de la reina de Roma… Sasuke alzó la vista al escuchar a Hinata disculparse a gritos desde lejos.
Entraron juntos en el tren por los pelos. Hinata se dedicó a serenarse durante los primeros cinco minutos. Había corrido tanto que sentía sus gemelos quejarse. Y eso que el día acaba de empezar… se lamentó. Para colmo, todavía sentía parte del cansancio de la misión de la noche anterior.
     -¿Cómo fue ayer? –preguntó Sasuke, lamentándose al momento por haber preguntado. Una parte de él lo abofeteó mentalmente a base de bien, por intentar salirsede nuevo de la burbuja de ignorancia respecto al mundo sobrenatural, sin embargo, otra parte le dio unas palmaditas en el hombro, pues era, después de todo, el mejor amigo de Hinata y la única persona que conocía su secreto.
La ojiperla le miró y sonrió levemente. Últimamente había tenido muchos problemas con hombres lobo… y la noche anterior no fue una excepción. Por más años que hubieran pasado desde que renaciera como Reaper, se sentía exhausta con tanto “trabajo extra”.
     -Bueno… no era un perro –respondió en un susurro.
Sasuke hizo una mueca y vaciló antes de preguntar:
     -¿Estás bien?
     -Luego te lo enseño –respondió ella tras una pausa.

Llegaron a clase dos minutos antes de que lo hiciera el profesor. Suspiraron aliviados al sentarse cada uno en su respectivo pupitre (Hinata se sentaba delante de Sasuke) sin tener que soportar la mirada inquisidora de ningún profesor enfurruñado.
Hinata se volvió al cabo para ver a su amigo, que estaba sacando el libro de la primera clase.
     -¿Terminaste los deberes de matemáticas? –preguntó con una pequeña sonrisa en los labios.
     -¿Tú no? –respondió el Uchiha, asombrado.
     -Sí –rio-. Aunque el tercer ejercicio me dio mucha guerra.
Sasuke, por un instante, creyó que su amiga le estaba hablando en código, explicándole de ese modo su aventura nocturna con el mundo sobrenatural. Entonces recordó el susodicho ejercicio de matemáticas y supo que hablaba literalmente de eso mismo; él también se había quedado atascado un buen rato con aquella operación.
Poco más pudieron hablar, pues la puerta de clase se abrió y el profesor Kakashi entró con el libro y una carpeta llena de papeles. Pidió silencio a la clase y ésta se serenó rápidamente.
     -Buenos días –saludó tras aclararse la voz-. Antes de empezar, quiero presentaros al que será vuestro nuevo compañero –se dirigió a la puerta antes de decir-: Ya puedes pasar.
Al momento, la puerta volvió a abrirse y un muchacho de cabello rubio y ojos azules entró con las manos en los bolsillos y su bolsa echada al hombro. Se colocó junto a la mesa del profesor y miró a los alumnos.
     -Me llamo Naruto Namikaze, encantado. Espero que nos llevemos bien –se presentó.
Su voz sonaba distraída y en sus ojos se podía ver claramente que no estaba mucho por el tema. Parecía que estuviera buscando a alguien.
     -¿Ocurre algo, Namikaze? –preguntó Kakashi al notar esto.
Naruto estaba a punto de responder que no cuando dio con su objetivo. Alzó el brazo y señaló a un muchacho de cabello y mirada oscuros y, como si estuvieran a  un campo de fútbol de distancia, exclamó:
     -¡Teme, te he encontrado!
Hinata dio bote en su silla del susto y las manos le temblaron levemente. ¿La estaba señalando a ella?
Enseguida descartó aquella idea al oír tras ella a Sasuke resoplar avergonzado.
     -Pedazo de Usuratonkachi, ¿no podías gritar un poco más? –protestó sarcásticamente- Creo que en Conserjería no se han enterado de que estás aquí…
Naruto avanzó emocionado hasta el pupitre del Uchiha, haciendo caso omiso de la presencia del profesor y del resto de la clase, que observaban la escena estupefactos.
     -¡Menudo ceño tan fruncido! –rio el rubio- Pareces un viejo cascarrabias. ¿Por qué no te alegras de que esté aquí? ¡Han pasado siglos!
Sasuke chistó entre dientes y contuvo su puño, que clamaba por estamparse en el rostro de Namikaze.
     -Estamos en clase, Usuratonkachi –le informó con sequedad (Hinata percibió un atisbo de vergüenza en la voz de su amigo)-. Compórtate, por amor de Dios…
Naruto se quedó congelado y observó a su alrededor con una sonrisa nerviosa.
     -Bueno, ya que habéis terminado con el reencuentro –comenzó Kakashi-, será cuestión de comenzar ahora con la clase. Si le parece bien, Namikaze.
     -S-sí, claro… -asintió el rubio, rojo como un tomate.
El profesor lo envió al pupitre que había libre en la última fila, junto a la ventana y dio por finalizada la presentación del nuevo alumno para pasar a una nada emocionante clase de matemáticas.
Cuando al fin llegó el receso, Naruto se acercó saltando a Sasuke. Podía leerse la emoción de encontrarse con el Uchiha en su rostro.
     -No puedes evitar dar la nota, ¿verdad? –fue lo primero que Sasuke dijo nada más tenerlo a su lado.
     -¡Sabes que no! –rio Naruto con franqueza.
Sasuke resopló hastiado, pero Hinata se volvió a tiempo para verle esbozar una sonrisa. Decantó el rostro con curiosidad y, aunque no se le daba especialmente bien hablar en presencia de desconocidos, preguntó:
     -¿De qué os conocéis?
Ambos clavaron la vista al momento en la ojiperla. Sasuke asombrado de que hubiera hablado en presencia de un desconocido, Naruto por curiosidad.
 La profundidad de los ojos azulísimos de Naruto hizo que Hinata desviara la vista al momento, con un leve sonrojo en las mejillas. Son como ventanas al cielo infinito, pensó, y al instante el rubor aumentó.
     -De niños éramos vecinos y nos hicimos amigos –explicó Sasuke-, luego yo me mudé y perdimos el contacto. Lo que me recuerda… -se volvió hacia Naruto con las cejas alzadas- ¿Cómo me has encontrado, maldito acosador?
Naruto volvió a reír. Hinata sonrió sin proponérselo al oír la risa.
     -Te juro que ha sido pura casualidad –respondió el rubio con sinceridad.
     -Hmp, ya, claro…
     -¡Lo digo en serio!
Hinata rio ante la escena, divertida. Ambos muchachos la miraron y al notarlo, la joven Reaper volvió a sonrojarse.
     -Eh… parecéis tan unidos… -se excusó con timidez, su voz casi inaudible.
Naruto sonrió de nuevo y Sasuke se rascó la nuca, un poco avergonzado por la exagerada energía que demostraba su viejo amigo.
     -Soy Naruto –dijo de pronto el rubio, saludando oficialmente a Hinata. La ojiperla sintió sus labios temblar al sentir los ojos azules del muchacho clavados en los suyos-. ¿Eres la novia de Sasuke?
La palidez regresó rápidamente al rostro de Hinata, a continuación volvió a sonrojarse de sobremanera y le costó horrores articular una respuesta.
     -No digas tonterías –resopló Sasuke-, sólo somos amigos.
Naruto parecía un poco decepcionado.
     -¿En serio? –miró a Hinata.
La Hyuuga asintió un centenar de veces, su cara roja como un tomate.
     -Ah, sí… -de pronto, el Uchiha recordó algo y miró con fijeza a Hinata- ¿Qué hay de lo que me has dicho antes en el tren?
     -Bueno… si estás ocupado, podemos dejarlo para otro momento. No es nada del otro mundo.
Sasuke alzó una ceja, preguntándose si aquello último era alguna clase de chiste con doble sentido.
     -Oh, ¿de veras?
Hinata asintió y se levantó de su silla.
     -Voy a la azotea a llamar a Sakura –informó-. Es raro que no haya venido.
Sasuke asintió.
     -Tal vez esté resfriada. O puede que le haya dado un ataque de alergia. La primavera es tan traicionera para Sakura…
Hinata hizo una mueca, preocupada, y salió de clase con su móvil en la mano.
     -Oye, ¿quién es Sakura? –escuchó Hinata a Naruto decir.

Sakura Haruno era amiga de Hinata y Sasuke desde el primer año de secundaria. Inicialmente, se había llevado a matar con Hinata debido a la cercanía de la ojiperla con el Uchiha, y es que Sakura estaba enamoradísima de Sasuke y sentía unos celos impresionantes por la Hyuuga.
Sin embargo, pronto comprendió que Hinata sólo veía a Sasuke como un amigo y que incluso podía ayudarla a conquistar al Uchiha. La gran amistad que actualmente las unía fue formándose tiempo después.
     -…Llamada perdida al…
Hinata suspiró. Era la doceava vez que le saltaba el contestador. ¿Tan mal se encontraba Sakura que no podía ni atender al teléfono?
     -Después de clase iré a visitarla –decidió, separándose de la valla que había en los extremos de la azotea y regresando al interior del instituto.
Ahogó una exclamación de sorpresa al toparse nuevamente con los ojos azules de Naruto nada más abrir la puerta. Dios varios pasos hacia atrás, avergonzada.
     -Vaya, ¿tan mal está la chica? –preguntó Naruto, malinterpretando por completo la reacción de Hinata.
     -¿Qué? ¿Qué tiene Sakura? –preguntó Sasuke, su rostro preocupado apareció junto a Naruto al momento.
De haber podido aclarar algo con Sakura, Hinata habría sonreído conmovida por la reacción de su amigo. No obstante, en aquella ocasión no pudo hacer otra cosa más que suspirar.
     -No contesta al móvil. Esta tarde iré a visitarla.
     -Te acompaño –asintió Sasuke.
     -Eh… Entonces lo de salir por ahí mejor lo dejamos para otro día, ¿no? –preguntó Naruto, sintiéndose fuera de lugar.
Sasuke asintió.
     -Lo siento.
Naruto se encogió de hombros y sonrió de lado.
     -Qué le vamos a hacer. Lo primero es lo primero.
Llegado a aquel punto, ambos muchachos dieron un bote, sorprendidos, al escuchar a Hinata ahogar una exclamación. Al volverse para mirarla, la vieron con los ojos muy abiertos, clavados en el pecho del rubio. Su cuerpo temblaba y su cabeza no sabía qué pensar.
     ¿Dónde…? ¿Dónde está su Reloj Vital? Hinata no podía dejar de gritar aquello en su interior. Y es que, a sus ojos de Reaper, Naruto Namikaze no poseía vida alguna.



Capítulo 2: A la Muerte y al Amor les importa todo una mierda

     Ni siquiera a un vampiro le desaparece su Reloj Vital, recordó Hinata. Su cabeza era un hervidero de ideas, trabajaba a toda velocidad, en busca de alguna respuesta lógica a lo que veían sus ojos. O, mejor dicho, a lo que no podían ver.
El Reloj Vital señalaba cuánto tiempo de vida le quedaba a un ser vivo, independientemente de si era humano, un Ente, un animal… Los Reapers, al igual que la propia Muerte, podían verlo y así realizar con mayor eficiencia su misión (cuando sabes cuánto tiempo le queda a alguien, puedes vigilarlo más de cerca y prepararte para ayudarle a pasar al Otro Lado). A Hinata siempre le había parecido algo demasiado triste y no le gustaba fijarse demasiado en los Relojes de sus más allegados. Pese a todo, al convertirse en Reaper se había visto incapaz de no comprobar los de su familia y el de Sasuke.
     -Hinata… ¿estás bien? –Sasuke sabía que la reacción de la chica estaba relacionada con el tema Reaper, y maldijo para sus adentros al comprender que, tal vez, Naruto podía estar en serios aprietos.
Desvió la mirada hacia Naruto, que trataba de descubrir qué diantres estaba mirando Hinata.
     -¡¿Qué tengo?! –protestó. La idea de tener una araña o algo por el estilo encima le ponía los pelos de punta.
     -Eh… -Hinata trató de serenarse y hablar. Inspiró profundamente- ¿Te… encuentras bien?
Naruto alzó las cejas sin comprender.
     -Pues sí –respondió, confuso-. ¿Tengo mala cara?
Hinata no supo qué responder. Miró a Sasuke, buscando desesperadamente algo de ayuda.
     -Re-resulta que… -Sasuke trató de salvar a su amiga soltando lo primero que se le pasó por la cabeza-. Hinata es muy sensible y puede notar cuándo alguien va a enfermar… O algo por el estilo… ¿no, Hina?
La aludida asintió lentamente, incrédula ante la excusa de su amigo. La mirada que le devolvió Sasuke al ver la expresión de la chica decía claramente “invéntate tú otra cosa, si no te gusta”. Increíble, Sasuke era capaz de utilizar su sarcasmo incluso en aquel momento.
     -¿De veras? –preguntó Naruto, entre preocupado y muerto de curiosidad- Eres… ¡como una exorcista! O algo así…
A Hinata casi se le sale el corazón del pecho al oír aquello de exorcista. Sasuke alguna vez había comentado que lo que hacía se parecía a eso y le preocupaba que alguien más pudiera relacionarla con aquel concepto.
     -Bu-bueno… -dijo al fin, tragando con dificultad- Supongo que es algo así…
     -Y… ¿me va a pasar algo? –Naruto sintió un escalofrío al decir aquello en voz alta.
No estaba segura de qué decir. ¿Sí? ¿No? ¿Tal vez? ¿Cómo podía estar siquiera allí, ante ella, hablando como si tal cosa? No tenía Reloj Vital, técnicamente no estaba ni vivo ni muerto. Simplemente, no estaba.
Hinata se frotó los ojos, preguntándose si estaría demasiado cansada y las habilidades de Reaper se habrían resentido debido a ello.
Comprobó con temor el pecho de Sasuke y no pudo más que temblar al comprobar que el Reloj Vital de su amigo seguía allí, como siempre. Volvió entonces a comprobar el pecho de Naruto.
Nada.
Aquello no tenía ningún sentido.
     -Vale, me está dando canguelo –admitió Naruto-. ¿Esto es una venganza de parte de Sasuke por dar la nota antes?
Hinata reaccionó y miró al rubio a la cara. Por algún extraño motivo, sus labios esbozaron una pequeña sonrisa al hacerlo. Se sentía extrañamente bien al mirarle. Y aquello no hacía más que empeorar la situación.
     -Vale, no puedo mentir más –las palabras salieron solas de su boca. Sasuke abrió los ojos como plato y casi se le desencaja la mandíbula al escuchar aquello-. Tienes razón, Namikaze-kun. Nos has pillado –desvió la vista un instante hacia el Uchiha-. Lo siento, Sasuke. Sabes que no soy buena mentirosa.
Sasuke entrecerró los ojos y esbozó una mueca.
     -Hmp, pues vaya –respondió, fingiendo decepción-.  Sí que ha durado poco la broma.
Naruto infló los mofletes y miró a su amigo.
     -Estúpido Teme, casi me da un infarto –protestó-. No juegues con esos temas.
     -Sí, sí. Lo siento.
Hinata no alcanzó a leer entre líneas, pero habría jurado que había algo que se le escapaba en aquella última conversación entre los dos muchachos.
     -Cambiando de tema –dijo el rubio de pronto, volviendo a clavar sus ojos en Hinata y haciendo que ésta se sonrojara-. Puedes llamarme Naruto. Eres amiga de Sasuke, y yo también. Eso nos convierte en amigos, ¿verdad?
Hinata rio.
     -Supongo… Naruto-kun.

     -La próxima vez que veas algo impactante, intenta disimular un poco –protestó Sasuke.
Había aprovechado que Naruto estaba en el baño para comentar la reacción de Hinata momentos antes en la azotea.
Hinata bajó la vista y suspiró.
     -Es que… Naruto-kun…
     -Basta, no me lo digas –pidió Sasuke.
Hinata alzó la vista y se topó con los preocupados ojos oscuros de su mejor amigo.
     -Prefiero no saberlo… Es una carga demasiado pesada y no me veo capaz de sobrellevarla tratándose de Naruto.
     -Claro… Perdona… Naruto-kun es alguien importante para ti, ¿verdad?
Hinata comprendía que Sasuke no quisiera escuchar lo que ella sabía. Ni siquiera ella estaba segura de lo que significaba que alguien no tuviera un Reloj Vital. Necesitaba estudiar aquel caso y para eso debía documentarse a base de bien.
Todo cuanto sabía de Entes Sobrenaturales era lo que había descubierto leyendo centenares de libros viendo series y películas que tocaran aquel género (incluso documentales históricos que trataran de temas sobrenaturales) y, finalmente, comprobando varias teorías a base de encuentros con Entes. Había estado a punto de morir en varias ocasiones por aquellos encuentros.
O lo habría estado de haber podido morir.
Hinata cerró los ojos al recordar por enésima vez su encuentro con la Muerte a los doce años.

     -AHORA ME SIRVES A MÍ –la voz de la Muerte era profunda y grave, como el eco que produce la lápida de una vieja tumba al abrirse-. LA ILUSIÓN DEL ENVEJECIMIENTO SEGUIRÁ PRESENTE, MAS NO MORIRÁS HASTA QUE YO LO ESTIME OPORTUNO.

Ojalá le hubiera hablado un poco más de los peligros que se encontraría por el camino. Pero no, la Muerte había estimado que Hinata sería suficientemente capaz de descubrirlo todo por su cuenta. Y, en caso de no serlo, podía terminar con aquella segunda vida rápidamente y buscarse otro que ocupara su lugar.
Hinata resopló al pensar en aquello. No saber nada más que un puñado de detalles la había metido en más de un problema.
     -¿A qué vienen esta aura tan triste? –preguntó Naruto con una sonrisa.
Hinata dio un bote en su silla. Había estado en babia demasiado rato y la voz del rubio la pilló desprevenida. Te irá bien así si lo que aparece es un Ente la próxima vez… se reprochó a sí misma antes de volverse para ver al muchacho.
De nuevo, su rostro le transmitió una paz y bienestar extraño. No pudo evitar sonreír.
     -Sólo pensaba en Sakura –mintió. Sintió una punzada al hacerlo, pero trató de ignorarla-. Espero que no tenga nada grave…
Naruto tomó prestada la silla del pupitre que había junto al de Hinata y se sentó a su lado, sin borrar en ningún momento su sonrisa.
     -Ya verás como no es nada. Seguro que está durmiendo y tiene el móvil en silencio –prometió.
Hinata se sonrojó avergonzada al notar que su corazón se aceleraba, y no precisamente por pensar en su amiga. Naruto estaba tan cerca de ella que se tocaban brazo con brazo.
Y Sasuke no pasó por alto aquel detalle. Primero sonrió enternecido. Un instante después frunció el ceño: aquello no podía salir bien de ningún modo, podía destruir la vida de ambos.
     El secreto de Hinata podría matar a Naruto, razonó, observando en silencio a sus dos amigos, y, sea lo que sea que le esté pasando a Naruto, puede afectar a la misión de Hinata.
Suspiró al comprender que, una vez más, estaba dejando de lado su filosofía de no meterse en temas Sobrenaturales. Pero estaba decidido: no podía permitir que aquello que estaba viendo en los ojos de su amiga fuera a más. La conocía y sabía que cosas como enamorarse y declararse a alguien eran impensables para ella, primero por su enorme timidez, segundo, porque tenía muy presente la misión.
Pero al amor solía importarle muy poco la situación y solía presentarse cuando menos debía. Y era consciente de que su amiga era hermosa y una buena chica, no sería tan descabellado que Naruto llegara a interesarse por ella… ¿no?
Sasuke volvió a suspirar, esta vez con mayor pesadumbre. Tengo que dejar de leer todas esas novelas románticas que Sakura me encasqueta siempre en la mochila, se dijo, recordando la manía que tenía su amiga de engatusarlo para que leyera todas aquellas historias de amores imposibles que tanto adoraba ella.
     -¿Estás bien, Sasuke? –preguntó Hinata.
La voz de su amiga lo sacó de sus pensamientos un instante, suficiente como para asentir y volver a observarla a ella y al rubio.
     Definitivamente, alguien tiene que hacer algo con estos dos…

Las clases habían terminado aquel día y Hinata estaba recogiendo sus cosas a toda prisa. Quería ir a visitar a Sakura tan pronto como pudiera.
[Voy a pasarme por tu casa en un rato. ¿Cómo te encuentras?] Le escribió por WhatsApp mientras se dirigía junto a Sasuke y Naruto a la salida del instituto.
No había pasado ni un minuto cuando Sakura apareció en línea y respondió: [Tengo gripe, no vengas. No quiero contagiarte].
Hinata detuvo sus pasos e hizo una mueca.
     -¿Qué debería hacer? –murmuró.
     -Cómprale algo rico y ve a verla –la voz de Naruto sonó a su lado y ella no pudo evitar dar un respingo. Estaban muy cerca y, de nuevo, el corazón de la chica latía más deprisa de lo normal-. Yo haría eso si se tratara del Teme este –añadió, señalando a Sasuke.
     -Genial –dijo el Uchiha con sarcasmo-. Ahora sé que si algún día estoy enfermo y quiero descansar, tendré que contratar a un matón para que no teje entrar a mi casa.
Naruto rio.
     -Sabes que entraría de todos modos.
     -Lo triste es que sí…
Hinata rió. Realmente estaban muy unidos aquel par, y eso que llevaban años sin verse.
Naruto la observó y, ensanchando su sonrisa, pasó un brazo por los hombros de la chica y otro por los de Sasuke.
     -¡Decidido! –exclamó alegremente- Vamos los tres a ver a Sakura. Cuantos más seamos, más divertido será, y seguro que así se recupera el doble de rápido.
La cara de Hinata estaba tan roja que parecía que tuviera fiebre. Se quedó sin habla.
Sasuke se deshizo del brazo de Naruto y lo apartó de Hinata rápidamente.
     -¿Qué te crees que haces, Usuratonkachi?
Naruto lo miró sin comprender.
     -¿Abrazo a mis amigos?
     -Tiene un pase que me hagas estas tonterías a mí, pero a Hina la acabas de conocer. ¿Sabes lo que son las distancias?
Naruto observó a Hinata. Ella sintió que su corazón se calmaba lentamente al cruzar la mirada con aquellos ojos tan azules del rubio.
     -¿Por qué te pones así? –protestó Naruto, acercándose a ellos. Sasuke dio un paso atrás- Has dicho que no erais novios, ¿no puedo abrazar a una amiga?
Sasuke quiso mandarlo todo al traste y dejar que aquel par se las arreglara por su cuenta. Pero sabía que nada bueno podía salir de todo aquello. Inspiró profundamente antes de soltar alguna tontería. Es decir, alguna tontería que interfiriera con las tonterías que estaba diciendo en aquel momento.
     -¡La acabas de conocer, por amor de Dios! No puedes ir abrazando a la gente porque sí el primer día.
     -Pero somos amigos… -insistió Naruto.
Sasuke volvió a inspirar con fuerza. Naruto hacía amigos hasta debajo de las piedras. Y se encariñaba enseguida con la gente, siempre había sido así. Al parecer, aquello no había cambiado en absoluto. Iba a ser imposible razonar con él…
     -A no ser… -continuó Naruto, desviando la vista de nuevo hacia los ojos perlados de la chica- Que tengas novio y la haya cagado muchísimo…
Por imposible que pareciera, el rostro de Hinata enrojeció todavía más. ¿A qué venía aquella suposición? Si tuviera novio, ¿no estaría con él en aquel instante? Eso era típico en las parejas, ¿no? Pasar todo el tiempo juntos que pudieran… ¿no? ¿Cómo se le había podido pasar algo semejante por la cabeza?
     -Eh… bueno, no es eso –balbució, muerta de vergüenza.
     -¡Hy…Hyuuga-san! –una voz interrumpió aquella conversación.
Los ojos de Hinata se abrieron como platos y buscó a quien la llamaba, aunque antes de situarlo a unos pocos metros de ellos ya sabía de quién se trataba.
     -Inuzuka-kun… -masculló, tragando con dificultad.
Sasuke y Naruto observaron también con curiosidad a Kiba Inuzuka. El muchacho estaba en su mismo curso, aunque no estaban en la misma clase y sólo coincidían en gimnasia. Para sorpresa de ambos, iba vestido con ropa de calle en lugar de con el uniforme, como si acabara de llegar al instituto tras un día entero de novillos.
Hinata, nada sorprendida con aquel último detalle, se deshizo de la especie de presa que Sasuke había hecho a su alrededor al apartarla de Naruto y dio unos pasos hacia Kiba. Éste también se acercó unos pasos, con un temor que ni Sasuke ni Naruto alcanzaron a comprender. Hinata sí que entendía a qué se debía la duda en sus pasos y el miedo y preocupación en sus ojos.
     -¿Cómo… cómo estás de…? Ya sabes… -inquirió Kiba.
Sasuke miró de arriba abajo al muchacho, extrañado. Habían jugado juntos a futbol en muchas ocasiones y le conocía lo suficiente como para saber que algo había ocurrido. Kiba no era precisamente el típico chico tímido y silencioso.
     -Bien, no te preocupes –respondió Hinata.
Se volvió un momento para ver a Naruto y Sasuke.
     -Perdonad… tengo que hablar con Inuzuka-kun un momento… -vaciló antes de añadir- ¿Podéis… ir primero a casa de Sakura? Os alcanzo en un rato.
Naruto estuvo a punto de decir algo, pero Sasuke le dio un pisotón y asintió. Hinata conocía demasiado bien la mirada que el Uchiha le estaba lanzando: “Luego hablaremos del tema”. Era curioso, Hinata sabía que Sasuke aborrecía los temas Sobrenaturales y, aun así, seguía tratando de ayudarla a sobrellevar aquella carga hablando con ella de sus misiones de Reaper.
Sonrió, dándole las gracias, y se volvió a ver a Kiba. Tomó su mano y tiró de él hacia la parte trasera del instituto. Allí podrían hablar tranquilamente. Aunque Hinata ya se hacía una idea de lo que Kiba iba a decirle…



Capítulo 3: Los Entes también sienten

     -¡Lo siento muchísimo! –exclamó Kiba, nada más comprobar que no hubiera nadie cerca- Te… te juro que no era mi intención… Yo… Joder, lo siento mucho, Hyuuga-san.
Hinata sonrió apenada y tomó las manos de Kiba entre las suyas con cuidado. Él se removió y dio unos pasos hacia atrás, temiendo poder lastimar a la joven Reaper de algún modo. Ella suspiró, pero se quedó donde estaba; podía comprender la reacción de Kiba.
     -No pasa nada –aseguró ella-. Estoy bien, de verdad.
Pero Kiba era incapaz de creerla.
     -¡No, joder! –exclamó, al borde del llanto- Te hice algo terrible. ¿Cómo…? ¿Cómo es posible siquiera que hayas venido a clase hoy?
Hinata se levantó parte del jersey y la camisa del uniforme, del mismo modo que había hecho aquella mañana ante el espejo del armario en su habitación. Le mostró la cicatriz del zarpazo que cruzaba la mitad de su cintura y que apenas se percibía ya.
Kiba cerró los ojos, no porque Hinata se hubiera levantado la camisa, sino porque no quería ver lo que le había hecho la noche anterior. Abrió los ojos de golpe al sentir la mano de la muchacha colocarse sobre su mejilla cuidadosamente. Estaba tan asustado y avergonzado que no fue capaz de volver a apartarse. Y no lograba comprender la calidez que desprendían la palma de su mano y los ojos color perla de la muchacha.
     -Inuzuka-kun –habló ella en un susurro-, dame tu mano.
El muchacho obedeció, aunque no sin temblar aterrorizado. No por lo que ella pudiera hacer, sino por lo que él pudiera hacerle.
Sin apartar la vista de Kiba en ningún momento, Hinata condujo su mano hasta su cintura, donde se hallaba la cicatriz del zarpazo.
Kiba inspiró profundamente al no notar ninguna marca de desgarro en la piel de ella. La curiosidad pudo al miedo y bajó muy lentamente la vista hasta toparse con la piel desnuda de la muchacha.
     -¿Cómo es posible? –masculló.
     -¿Cómo es posible que tú tuvieras garras y aspecto de lobo? –preguntó Hinata con un hilo de voz.
Kiba volvió a mirar sus ojos. No veía miedo en ellos, ni siquiera reproche. Tan sólo amabilidad y comprensión. Y aquello terminó de desmoronarlo y comenzó a llorar. Abrazó a Hinata con fuerza y trató de explicarse entre sollozos.
     -No lo sé –admitió, desolado-. No tiene ningún sentido. Parece el guion de una peli cutre, joder. ¡Joder!
Hinata correspondió el abrazo y acarició la espalda de Kiba con suavidad.
     -¿Sabes… recuerdas… si te ha mordido alguien… o algo? –preguntó Hinata, vacilante. Tratar aquel tema era complicado, y no había hablado con demasiados Entes sobre aquello como para haberse acostumbrado a aquella clase de conversaciones.
Kiba negó con la cabeza y la enterró en el hombro de la chica.
     -¿Qué me va a pasar? –gimió- ¿Va a ser como en las pelis? Cada luna llena… -no fue capaz de terminar la frase, el llanto se intensificó con tan sólo pensar en aquella posibilidad.
     -N-no… no te preocupes –susurró Hinata-. Yo te ayudaré. Lo de ayer fue un accidente.
Kiba la miró.
     -¿Cómo vas a ayudarme? ¡Si ayer casi te mato!
Dio un paso hacia atrás, de nuevo aterrado con el recuerdo de la noche anterior, y se dejó caer al suelo, derrotado.
     -Soy un puto monstruo… -masculló, clavando los puños en el suelo- Hyuuga-san, sinceramente, no entiendo qué puedes hacer tú –dijo de pronto, alzando la vista hacia ella.
Hinata volvió a mostrarle donde debía tener el desgarre del zarpazo de Kiba.
     -Me curo rápido –dijo, dándose unos golpecitos sobre la cicatriz con un dedo. La mirada incrédula de Kiba la hizo suspirar. Sonrió levemente y se arrodilló ante él-. Puedo ayudarte. Puedo vigilar que no te acerques a nadie en… “esas noches”…
     -Protegiendo a los inocentes del monstruo, ¿no? –las duras palabras de Kiba crisparon el corazón de la Reaper.
     -Protegiéndote a ti de la bestia –respondió, y agarró el rostro de Kiba con ambas manos para poder verlo a los ojos. Aquello era demasiado importante como pararse a pensar en la vergüenza que le daba mirar a la gente a los ojos durante largo rato-. No es culpa tuya, Inuzuka-kun. Eres un chico genial, no un monstruo. Alguien te ha hecho esto y vamos a descubrir quién.
     -Y… ¿y luego, qué? ¿Lo…? ¿Lo ma…? –Kiba desvió la mirada, era incapaz de pronunciar lo que estaba pensando.
     -No creo que sirviera de nada –Hinata comprendió que la palabra “matar” era demasiado real en aquel momento como para decirla en voz alta-. Pero tal vez encontremos pistas.
     -¿Pistas? –volvió a mirar los ojos perlados de la Reaper- ¿Para qué?
     -Para dejar de ser un hombre lobo.
Kiba se quedó sin aire.
     -¿Es posible?
     -No lo sé –admitió Hinata-. Pero, si existe una mínima posibilidad, haré lo que sea para ayudarte.
Kiba, con las manos temblorosas y manchadas de tierra, agarró las manos con las que Hinata sujetaba su rostro.
     -Hyuuga-san –susurró, su rostro estaba empapado de lágrimas-, ¿acaso eres un ángel? No entiendo por qué me quieres ayudar…
Hinata sonrió con tristeza. Ojalá. Los ángeles lo saben todo y son poderosos. Yo sólo soy una especie de zombie misionera…
     -Voy a ayudarte porque no puedo quedarme de brazos cruzados después de saber lo que sé –aseguró-. Estamos juntos en esto, Inuzuka-kun. Te lo prometo.

     -¿Qué hacéis aquí? –preguntó Hinata con asombro.
Naruto y Sasuke se encontraban sentados junto a la puerta principal del instituto.
     -Te esperábamos –se limitó a responder Sasuke.
     -Aquí el Teme sentimental decía que no quería ir sin ti a ver a Sakura –rio Naruto.
Hinata también rio.
     -No era necesario, de verdad. Os habría alcanzado en un momento.
     -¿Tan lejos vive Sakura? –preguntó Naruto.
     -¿Por qué lo preguntas? –Hinata no entendía a qué venía aquello.
     -Bueno, has tardado casi una hora.
     -¡Lo… lo siento! Ha sido culpa mía –exclamó Kiba, que no había abierto la boca desde que finalizara su conversación con la muchacha.
     -Qué va, no te preocupes –sonrió Hinata.
Se hizo el silencio. Hinata y Kiba intercambiaban una mirada cómplice. Sasuke observaba a Hinata con los ojos entrecerrados, intentando imaginar lo que había pasado entre ella y Kiba y a la vez sin querer saberlo. Naruto observaba a Hinata y Kiba alternadamente, muerto de curiosidad. Antes de que el rubio pudiera abrir la boca para soltar lo que se le acababa de pasar por la cabeza, Kiba habló.
     -Gracias, Hinata. Nos vemos.
Los tres amigos vieron a Inuzuka marcharse por su cuenta. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, Naruto se acercó traicioneramente a Hinata y paso un brazo por sus hombros, sus labios curvados en una sonrisa burlona.
     -Eres muy popular, Hi-na-ta-chan –comentó divertido.
A Hinata casi se le detiene el corazón por el repentino gesto. Giró lentamente la cabeza y se topó con el rostro de Naruto, aquellos ojos azulísimos mirándola fijamente, a escasos centímetros de su cara.
La Reaper creyó que moriría por exceso de rojo en su rostro.
     -¡N-n-n-no es eso! –balbució avergonzada.
     -Ohh… así que no es eso, ¿eh? –continuó Naruto, chocando con Hinata mejilla con mejilla- Entonces, ¿qué has hecho con ese chico durante casi una hora?
¡CLONC! Sasuke le arreó un manotazo a Naruto en la cabeza, cansado de aquella escenita y de lo extremadamente juntos que estaban él y su amiga.
     -¡Teme! ¿Qué te pasa ahora? –exclamó Naruto, separándose de Hinata y encarándose con el chico. Se llemó una mano a la cabeza, masajeando la zona adolorida.
Sasuke se cruzó de hombros, celebrando mentalmente su pequeña victoria (haber apartado a Naruto de Hinata).
     -Sólo me apetecía golpearte.
     -Hmp, ya, claro –Naruto infló los mofletes.
     -Bu-bueno, vámonos ya –Hinata trató de poner paz-. A este paso, vamos a llegar tardísimo a casa de Sakura.

Sasuke asintió, tomó a Hinata de la mano y comenzó a avanzar rumbo casa de los Haruno. Naruto los siguió, todavía con los mofletes inflados. No pasó por alto que Sasuke trataba de separarlo de Hinata desde la mañana. Se preguntó si el Uchiha veía de veras a la chica sólo como a una amiga.

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