lunes, 29 de febrero de 2016

Powerpuff Girls D 01.5

Especial intermedio entre el primer y segundo capítulo del doujinshi. A mediados de semana tendréis el segundo capítulo :)


Aquí tenéis la versión original.

-Zöe Öz

domingo, 28 de febrero de 2016

¡La cosa más tonta del mundo!

Hace muuuuucho tiempo, comencé a escribir una de esas historias de "escribe lo primero que se te pase por la cabeza", ya sabéis, algo random y con poco sentido. En aquel momento, titulé dicha historia "La cosa más tonta del mundo" ya que no se me ocurría otro nombre, y así la he llamado siempre que me refería a ella.

Hace algún tiempo, tuve un formateo muy grande de ordenar y disco duro externo, por lo que perdí inevitablemente lo que tenía de esta historia. Para mayor desgracia, resulta que había borrado los capítulos que había subido a FanFic.es, por lo que no pude recuperar absolutamente nada de esa historia.

Hace poco, comencé a pensar en ella y, maldita sea, era realmente divertida de escribir. Así pues, e impulsada por mi pareja, decidí retomar esta historia y, ¿por qué no?, convertirla en comic.
Puede que la termine o puede que me quede a medias, pero quiero intentarlo.

Actualmente estoy escribiendo un Capítulo Piloto, para ver hasta qué punto puede funcionar este proyecto.

Y, cuando tenga las primeras páginas del comic, las subiré en este blog. Espero que el proyecto funcione, porque le tengo muchas ganas (el humor absurdo me pierde).

Sinopsis:

Karen Pollobollo, una joven con firmes ideales, está decidida a desobedecer una de las más grandes, pesadas e importantes leyes: ir en busca del secreto de la Abstracción, un antiquísimo tipo de arte marcial que quedó totalmente prohibido al implantarse el Imperio.
Pero a Karen le importa todo eso una mierda, porque es de ideas fijas y está emperrada en dominar las Artes Abstractas. Y así empieza su viaje por todo el Imperio Milimétrico, en busca de algún indicio, un diminuto recuerdo o pista que la lleve hasta su ansiado objetivo.

-Zöe Öz

lunes, 22 de febrero de 2016

Powerpuff Girls D 01

He aquí el primer capítulo del doujinshi de Bleedman.
Estoy muy ilusionada con este proyecto y espero que sirva para los hispanohablantes con dificultad para el inglés o que simplemente les apetezca leer una versión castellana.

Debo decir que he decidido no traducir los nombres de los personajes (en el caso de los que tienen traducciones), ya que existe una gran cantidad de países hispanohablantes y no una única traducción/adaptación de dichos nombres. Por eso los dejo en versión original.


Aquí tenéis disponible la versión original.

-Zöe Öz

domingo, 14 de febrero de 2016

Conejita miedosa

Segundo capítulo de Conejita.


-¿Tengo… tengo algo en la cara? –murmuré, haciendo a un lado mi timidez para que las palabras fluyeran con cierta soltura entre los dos.
Gabriel me miró con ternura.
-No, verás –se inclinó un poco más hacia mí. Creí que el corazón me explotaría allí mismo-, es que adoro el brillo de tus ojos.
Me derretí por dentro y balbucí alguna tontería insignificante. No le presté demasiada atención ya que el chico de mis sueños cada vez acercaba más sus labios a los míos. Oh, Dios, no sé si moriré antes de mi anhelado primer beso…
Sin embargo, de repente el ambiente cambió. No sabría decir en qué sentido, pero definitivamente ya no sentía la calidez de hacía unos instantes. Gabriel se había detenido y me miraba fijamente, muy serio, colocando sus manos sobre mis hombros.
Caray, aquello había pasado de una escena de amor a una escena de… ¿interrogatorio policial?
-Fionna, si no abres los ojos ahora mismo, te pego un morreo en toa’ la boca –me advirtió… ¿Gabriel con la voz de Marshall?

-Vale, tú te lo has buscado –Marshall se había colocado de rodillas sobre mí, con las manos a lado y lado de mi rostro. Abrí los ojos justo cuando tan sólo había unos pocos centímetros que separaba mi cara de la suya. Lo miré asombrada, sin aliento.
Él me devolvió la mirada acompañada de una sonrisa maliciosa. Antes de que pudiera hacer nada, su asquerosa lengua ya me había babeado media cara.
Mi mente terminó entonces de regresar al mundo real, otorgándome la habilidad de mover mi cuerpo a mi antojo. Y alcé una pierna rápidamente.
Marshall gritó algo con voz ahogada y se tiró hacia un lado, con las manos agarrándose la entrepierna.
-La madre que te parió –balbució temblando en el suelo.
Miré a nuestro alrededor, deseando desesperadamente que nadie nos hubiera visto. Por “nadie” me refiero a Gabriel. Por suerte, no parecía que hubiera moros en la costa. Suspiré y me levanté del suelo. Era el descanso de la hora de comer
-Que te den, Marshall –le espeté mientras me secaba la cara con la manga de mi jersey-. Eres un guarro, ¿lo sabías?
Cuando hubo superado aquella tontería de la patada en la entrepierna, Marshall se levantó y me miró como un gato receloso.
-¿Guarro, yo? –exclamó- ¿Sabías que la mitad de las babas que te estás limpiando son tuyas, Conejita babosa?
Estuve tentada de pegarle otra patada, pero me contuve.

Aquel día, había decidido al fin confesarme, hablar con Gabriel sobre mis sentimientos y, con un poco de suerte, conseguir mi primer novio. Marshall llevaba haciendo bromas al respecto desde que le había hablado de mi decisión.
-¿Sabes? –le espeté antes de entrar en clase- Deberías apoyarme, en lugar de reírte de mí.
Estaba cansada de que anduviera bromeando a mi costa. ¿Acaso no era mi mejor amigo?
Él me miró y se encogió de hombros.
-No me gusta ese Gumball –arrugó la nariz y desvió la mirada-. Pero bueno, cuando te dé calabazas, ya te haré de paño de lágrimas.
Y entró en clase tan campante. No daba crédito a lo que veía: mi “mejor amigo” era un capullo redomado. Pues qué bien.

Las clases de la tarde pasaron lentas y aburridas, provocando movimientos extraños en mi estómago debido a los nervios. Mi corazón latía con cierto miedo, casi con dificultad. ¿Iba a ser capaz de veras de confesar mis sentimientos a Gabriel?
Sí, claro que sí. Me lo había jurado a mí misma. Tenía que ser ese mismo día, sino, aquella situación jamás terminaría. Y yo ansiaba avanzar en mi relación con Gabriel. Para ser más exactos, quería tener alguna clase de relación con Gabriel. Puede que fuera un poco pretencioso intentar ser su novia. Pero quizás todavía no tenía ninguna –me había documentado bien al respecto- porque estaba esperando a la chica indicada… a mí.
-Y, si te da calabazas, ¿qué harás? –preguntó Marshall cuando la última clase de la tarde hubo finalizado.
Le fulminé con la mirada. Sus bromas cada vez me molestaban más. ¿Es que no era capaz de ejercer de mejor amigo nunca? Sin embargo, inspiré profundamente e hice oídos sordos a sus palabras. No iba a permitir que me desanimara de ningún modo. Si su plan era que me echara atrás, llevaba todas las de perder.
-Tengo que ir a la biblioteca –dije, manteniendo al serenidad.
-¿Otra vez?
-Sí, sigo necesitando un libro. ¿Me vas a esperar o no soy digna de tu presencia, señor gracioso?
Vale, estaba enfadada y no podía esconderlo. Marshall rio, parecía pasarlo en grande.
-Si su alteza real así lo desea, me quedaré a esperarla, mi lady –respondió, von voz y gesto pomposo, exagerando como de costumbre.
Arrugué la nariz, aunque en el fondo intentaba ocultar una sonrisa. No iba a ponérselo fácil. Había sido más que desagradable conmigo, no le vendría mal un buen escarmiento.
-Haz lo que quieras –respondí, caminando hacia la biblioteca rápidamente, rezando para que no hubieran cerrado todavía.
Una vez más, aquella sala aburrida y repleta de libros me saludó con el amplio silencio que reinaba en su interior. Apenas quedaba gente allí, todos estaban recogiendo o saliendo para marcharse a sus casas. No podía entretenerme demasiado.
Volví a repasar la sección del día anterior, ya que no le había prestado especial atención después de mi… despiste. Encontré un libro delgado y acompañado con algunos dibujos –aunque no eran especialmente bonitos-, recordaba vagamente la historia porque la había leído de pequeña. El Principito. De pequeña me había echado a llorar al terminarlo, aunque ya no recordaba el motivo. Quizás era por la emoción de terminar un libro –no es algo que haya ocurrido muchas veces a lo largo de mi vida, prefiero cosas más ligeras. Sin pensar mucho más en ello, lo cogí y fui a informar a la bibliotecaria de quería sacarlo.
Intenté no echarme a reír al encararme con ella. Todo el mundo afirmaba que tenía aspecto de tortuga –iba un poco encorvada por lo que tenía algo de chepa, y solía alargar el cuello cada vez que alguien le hablaba, parecía una caricatura andante- y casualmente siempre me entraba la risa floja con esa clase de tonterías, en especial cuando tenía a la pobre víctima ante mí. A veces pienso que soy mezquina, pero… ¿no nos pasa a todos que a veces nos reímos cuando no deberíamos y de cosas de las que no es correcto burlarse? Soy una simple humana, no puedo remediarlo.
El Principito! Qué gran libro –escuché a alguien decir a mis espaldas. Su voz, alegre y a la vez calmada, me atravesó. Sabía quién era antes de darme la vuelta.
-¿De… De verdad? –dije, porque no se me ocurría otra cosa más estúpida que decirle a mi querido Gabriel (cuánto odiaba ponerme nerviosa delante de él).
Él sonrió y asintió.
-Dicen que hay que leerlo varias veces en la vida –continuó-, porque cada vez te llega un mensaje muy diferente.
Mis labios, a la par que todo mi cuerpo, temblaron antes de poder articular palabra de nuevo.
-Caray, entonces estoy de suerte –por dentro deseaba que alguien me matara por lo poco elocuente que estaba siendo-, ya leí el libro de pequeña.
-Genial –seguía sonriendo. Posiblemente, aquella estaba siendo la conversación más larga que había tenido hasta la fecha con Gabriel. Casi no podía ni creérmelo.
-Aquí tienes –dijo la bibliotecaria, entregándome mi libro con la tarjeta en la que indicaba qué día tenía de límite para devolverlo.
Gabriel se colocó a mi lado, mi ser gritó emocionado por dentro y se quedó rígido como una estatua por fuera. Sobre la mesa dejó varios libros, aunque no me fijé qué tema trataban, sólo tenía ojos para mi perfecto príncipe encantador.
Salí de la biblioteca caminando como un pato, un paso por detrás de Gabriel. No podía dejar de observarlo. Él caminaba tranquilamente en silencio, como un modelo de revista bajo unos focos. Me sentí pequeña y distante, como si no perteneciera a su mundo, como si jamás fuera a pertenecer a su mundo.
No, nuestra conversación no podía quedarse en algo tan estúpido y casual como charlar sobre un libro dos minutos en la biblioteca del instituto. Tenía que haber algo más que pudiera decirle.
Me percaté entonces de que estábamos solos en el pasillo. Nadie nos observaba, nadie podía oírnos. Era el momento idóneo para decirle lo que sentía, lo que tanto tiempo había esperado expresarle.
-Entonces… ¿tú también has leído El Principito?
Genial, Fionna. Simplemente, genial. Un diez sobre diez. Felicidades, has llegado a la cúspide de la perfección en conversaciones importantes y vitales para la existencia.
Tardó unos instantes en detenerse y mirarme, con las cejas alzadas, sorprendido. Vi en sus brillantes y profundos ojos que le había pillado desprevenido. No esperaba que siguiera ahí, podía leerlo con demasiada claridad.
-Oh, eh… sí –dijo, seguramente tratando de sonar cordial y no molesto por haber interrumpido alguna clase de meditación personal-. No hace mucho.
-Ah, claro –sentía que la vida me abandonaba poco a poco-. Por eso dijiste aquello antes.
-Sí, perdona si no venía a cuento.
Silencio. Un amplio y casi pegajoso silencio se extendió de pronto entre los dos.
-Bueno… Me tengo que ir. Adiós.
Y siguió caminando. Como si nada hubiera ocurrido. Seguramente ansiando alejarse todo lo posible de una persona tan simplona como yo. Maldita sea, ¿de qué tenía tanto miedo? Ah, sí, de que él era perfecto y yo… yo sólo era un conejo estúpido y muerto de miedo.

-Anda que no has tardado, eres una lentorra –se quejó Marshall en tono burlón cuando me divisó en la entrada-. Estaba a punto de irme sin...
Entonces debió de darse cuenta de la expresión de mi cara, porque corrió los últimos pasos que había entre nosotros y me abrazó con fuerza. Y me eché a llorar como si no hubiera un mañana, como si pudiera inundar el mundo y no me importaran las consecuencias.
Lo sé, soy una dramática. Pero, creo que me merecía ser un poco dramática en aquel momento.
Marshall me llevó a su casa y nos hinchamos a patatas, galletas y toda clase de comida basura. Escuchó mi triste y estúpida historia sin mostrar ápice de diversión o burla, como el verdadero que a menudo olvidaba o dudaba que era. Me abrazó y me dejó llorar de nuevo hasta que me quedé a gusto. Realmente, Marshall era como el hermano que jamás había tenido. Y, por más idiota que me sintiera por todo lo sucedido, estar con él me tranquilizaba y hacía sentir mejor.
En algún momento, Marceline llamó a la puerta y un delicioso olor proveniente de algún lugar comenzó a inundar la estancia. Marcy era la gemela de Marshall, lo cierto es que si mirabas su cara con atención, podías dar con rasgos similares. En ocasiones, también podías ver gestos y otros detalles insignificantes iguales en ambos. Siempre he pensado en lo curioso que es tener un hermano gemelo.
-¿Qué tal, parejita? ¿Os apetece cenar pizza?
Marceline solía bromear sobre nosotros desde que éramos unos críos. Lo cierto es que hacía mucho que había dejado de importarme aquello. La idea de tener una relación romántica con Marshall se me antojaba demasiado absurda como para molestarme a estas alturas. Y estaba segura de que Marshall opinaba igual, aunque supongo que seguía molestándose por el simple hecho de que una relación entre hermanos no era verdadera si no había entre ellos gritos, peleas y bromas.
Mi boca se hacía agua mucho antes de que terminara la pregunta. Y como ya habíamos decidido que me quedaría aquella noche a dormir en casa de Marshall, asentí alegremente.
-Sí, queremos pizza –respondió Marshall por su parte-. Y ahora vete y deja de decir tonterías, Marcy.
Su hermana asintió con una amplia sonrisa de satisfacción y se marchó riendo. Entonces, miré a Marshall.
-Oye… -titubeé, sin saber cómo continuar sin sentirme de nuevo un poco idiota-, ¿me dejarás jugar el nuevo juego cuando te lo pases?
Por toda respuesta, Marshall ahogó una carcajada con muy poco disimulo y rebuscó en su mochila. Sacó su PSP y se sentó a mi lado de nuevo.
-Todavía no lo he empezado –dijo.
-¿En serio? –me sentí conmovida por lo genial que era mi mejor amigo.
-¡Claro! ¿Cómo vas a pasarte el juego tú sola? Seguro que necesitas ayuda y paso de tener que asesorarte cada dos por tres –rio con tono burlón. Yo le dediqué mi mejor mueca de ofendida-. Venga, Conejita tontaina, vamos a jugar.
Estuve tentada de darle una patada, pero sabía que todo aquello formaba parte de su plan para animarme. Además, sabía que Marshall era así, siempre había actuado de aquel modo. En el fondo, había dado con el mejor amigo que pudiera desear.

-Zöe Öz

Proyecto entre manos


¡Buenas, traigo una una sorpresa!
Hace mucho que sigo el webcomic Powerpuff Girls D de Bleedman en Snafu. Leerlo no me es ningún problema, aunque recuerdo haber empezado la lectura de dicho comic gracias a una traducción hecha por fans hace mucho tiempo.
Personalmente, la traducción me pareció bastante justa, una lectura poco fluida. Además, perdí las carpetas en las que había descargado dicha traducción debido a un formateo. Por eso, he decidido hacer mi propia traducción al español, para poder introducir esta genial historia a muchos otros lectores de habla hispana.

Iré subiendo poco a poco los capítulos traducidos al blog en entradas con la etiqueta Powerpuff Girls D (esta vez no crearé una página nueva en el blog, creo que con el sistema de etiquetas ya es más que suficiente ^^).

Espero que este pequeño proyecto que tengo entre manos sea de utilidad y apreciado por posibles lectores que hallen este diminuto rincón del cybermundo.

¡Os mantendré informad@s!

-Zöe Öz

miércoles, 10 de febrero de 2016

Actualización capítulo 7 de Conejita


Buenas, ya sé que va para dos semanas que debo actualización en Conejita, pero ando realmente liada y poco inspirada (me cuesta escribir el siguiente capítulo, sinceramente), así que puede que tarde un poco más.

Lamento la espera, intentaré que merezca la pena >:3

Gracias a todos los que leéis el fic ^^

-Zöe Öz