sábado, 19 de marzo de 2016

Powerpuff Girls D 03

He estado sin internet unos días y ocupada en otros proyectos, por eso he tardado un poco más en subir el capítulo traducido ^^U


Aquí tenéis la versión original.

-Zöe Öz

jueves, 3 de marzo de 2016

miércoles, 2 de marzo de 2016

Episodio Piloto

Este es el primer esbozo redactado del Episodio Piloto de La cosa más tonta del mundo (necesito un título mejor...).

Episodio Piloto

El sol despunta en el horizonte y una brisa gélida recorre el lugar. Qué momento más poético para reunirse un puñado de pirados en busca de algo de atención ajena. No me miréis como a un monstruo, ser la narradora de las aventuras y desventuras de esta panda de capullos es agotador. Si me juzgáis, seréis igualmente juzgados.
Anda que empiezo bien la narración del piloto…
Recapitulemos.
Sí, está amaneciendo y hace un frío de mil demonios. No tanto como para que nieve, pero sí el suficiente como para que cierta jovencita de larga melena verde se arrepienta del atuendo que ha decidido elegir como “principal” para esta historia: una blusa de cuello de barco y mangas holgadas (milagrosamente son largas y así no vemos que tiene los pelos del brazo como escarpia) y una falda corta que, pese a tener dos capas, no calienta una mierda. Por lo menos lleva botas altas, por encima de las rodillas, por lo que tiene las piernas medianamente protegidas del frío general (no nos engañemos, las botas mantienen cierta cantidad de frío entre ellas y la piel de la pierna, así de majas son).
Esta jovencita en cuestión, para acabar de rematar su fantástico diseño de vestuario principal, creyó que sería una gran idea recogerse el cabello en una trenza. Cierto que para escenas de acción es más cómodo que llevar la melena suelte a merced del viento (¿alguna vez has intentado hostiarte con alguien mientras se te metía el pelo por la cara? No es agradable), lo malo es que a causa de esto, nota el fresquillo por los hombros y cuello descubiertos, completando de este modo su atuendo que, aunque mono, no abriga una mier…
Perdón, voy a tratar de narrar con un poco menos de vulgaridad en mi lenguaje. Ya va siendo hora que deje de hablar de mí misma (en realidad, he hablado poco de mí misma, ¿no?) y comience con la historia como Dios manda.
La jovencita de la que tanto hablo se llama Karen, es la protagonista de esta historia (o, por lo menos, a punta a maneras) y es quien ha citado a tantos personajes (ups, quiero decir, personas) en este curioso escenario: un prado cuya hierba se mece violentamente por las ráfagas de viento que van y vienen a su antojo, a lo lejos podemos apreciar una ciudad, mientras que al “otro lejos” se vislumbra, como ya se ha puntualizado anteriormente, el sol naciente.
Karen inspira profundamente, tratando de ignorar el frío que se introduce por su nariz al hacer esto, y da un paso al frente. Se halla en el centro de la reunión y se permite el lujo de, en un silencio impregnado de curiosidad y nerviosismo, observar a todos cuantos la rodean. Amigos y enemigos, personajes importantes e incluso extras que por casualidad han sido llamados a escena y que van a cobrar un plus por participar en este Capítulo Piloto.
-Creo que ya estamos todos –dice al fin, rompiendo el silencio con su vocecilla más bien aniñada. Hace una pausa dramática (la escena entera pide a gritos que lo haga) antes de continuar-. Supongo que todos sabéis por qué os he reunido aquí.
-Podemos hacernos una idea –replica un hombre vestido con una camisa arremangada y un cinturón con varios utensilios de peluquería colgando de su cintura, está cruzado de brazos y, aunque parece que esto se deba al porte badass que quiere ofrecer, en realidad es porque, como la mayoría de presentes, está muerto de frío.
¿Quién ha diseñado el vestuario de esta historia? ¿Conoce, acaso, el significado de las palabras “piedad” y “abrigo”?
-En tal caso –prosigue Karen, esbozando una sonrisa de lado-, será cuestión de comenzar.
Señala en una dirección y todos siguen con la mirada su dedo. Junto a ellos, acaba de aparecer una especie de escenario de piedra, un palmo de alto es lo que mide (lo suficiente para sobresalir por encima de la hierba) y, a un lado, se alza una enorme pantalla con un montón de rostros y nombres, ininteligibles desde la posición de nuestros personajes.
-¡La parrilla de luchadores está preparada! –anuncia Karen, con una visera rosa que ha aparecido gracias a alguna clase de magia abstracta (o absurda, que todo es posible) y ahora se encuentra junto a una pequeña mesa de plegable, con un pie sobre ella y agarrando con fuerza y emoción un micrófono, como si de un comentarista de wrestling se tratara- ¡¿Quiénes serán nuestros primeros campeones en entrar en el campo de batalla?! –exclama alegremente, mirando directamente a cámara, como si los lectores/espectadores pudieran responder algo coherente.
Vítores y aullidos se alzan entre el público que observa expectante el susodicho campo mientras una chica demasiado mayor para vestirse de sweet-lolita, parasol hortera incluido,  se acerca al centro con paso firme, segura de sí misma. ¿Dónde quedó la sweet-lolita cliché, que es imposible de comportarse de forma cuqui y adorable allá a donde va?
La susodicha no tan jovencita mira a cámara y lanza un beso en algo parecido a una mezcla de coqueteo y timidez. Creo que ahí está el cliché del que hablaba, aunque casi habría preferido no obtener respuesta…
Sin embargo, la atención de todos, la de esta humilde narradora incluida, se aparta al poco de la lolita para buscar por doquier de dónde viene ese extraño silbido que surca el aire como una irritante aguja.
Una explosión en medio del campo de batalla pilla desprevenidos a todos los presentes, que observan asombrados quién es el artífice de tan increíble (aunque un tanto típica) entrada. Cuando el humo se disipa y todos recuperan la visión (¿a quién se le ocurre provocar una explosión con gente tan cerca?), una exclamación colectiva es sofocada ante la imperial presencia de un pequeño polluelo negro con medio cascarón en la cabeza, al más puro estilo Calimero excepto por un detalle: está pintado como si de una prenda de camuflaje se tratara.
¿Quién es este pollo negro enano? ¿Es él quien pretende luchar contra la sweet-lolita? Huelga decir que es una imagen peculiar, aunque yo apostaría por la chicle-hortera.
-¡Ya tenemos a nuestros dos combatientes! –anuncia Karen, gritando a pleno pulmón muy emocionada- ¡A un lado tenemos a la Princesa Hortera!
Parte del público grita emocionado, también hay quien aplaude confundido por la imagen general del futuro primer combate. Algunos han dejado de tomarse todo esto en serio desde que fueran llamados para un torneo de lucha que promocionara la serie y a la vez sirviera de Capítulo Piloto. Esos son odiados por todos y tienen un cartel encima de ellos que reza “GILIPOLLAS INCRÉDULOS”.
La aludida mira con cara de malas pulgas a Karen, ya que Princesa Hortera no es su auténtico nombre (aunque podría serlo, sin lugar a dudas. De hecho, fue uno de los nombres que se barajó durante su diseño. Es broma. Bueno, más o menos…).
-¡Al otro lado, tenemos a Erchi Pollobollo! –continua Karen, que de repente lleva una camiseta que dice I Erchi.
Parece que alguien las está repartiendo entre el público… ¡Oh! ¡Es el propio Erchi! Maldito pollo negro enano ninja, siempre un paso por delante de lo que la narradora sabe. ¡Deja de comprar al público y date de hostias con la Chicle-Hortera!
La Princesa Hortera (llamémosla así por el momento) y Erchi miran a cámara. Ella parece estar muy enfadada, supongo que todavía por el tema del nombre, él no sabría decir, ya que su “casco” le tapa los ojos, y un pico acostumbra ser algo bastante inexpresivo.
Gracias a alguna clase de efecto visual, la escena prosigue con el storyline como si tal cosa. El combate está a punto de comenzar, tan sólo debe sonar la campana y ambos luchadores se lanzaran violentamente el uno contra el otro, para presentar la primera de las peleas de este encuentro.
Karen agarra un mazo, que más bien parece un barril de cerveza pegado a un bate de béisbol, y le arrea un buen mamporro a la campana con él, rompiendo por el camino la susodicha campana y la mesa en la que estaba. Aunque nada de esto impide que grite durante la ejecución de su desastroso golpe:
-¡Que comience el combate!
La Princesa Hortera agarra con fuerza su parasol, plegado en este momento, y corre hacia el centro del campo de combate, dispuesta a asestarle un pasarolazo a Erchi. Por su parte, Erchi flexiona sus patitas y sale disparado como un rayo contra su contrincante, dispuesto a… no sabría decir qué se propone, tal vez… por las velocidades que lleva… ¿querría atravesarla?
-¡SPOILERS, NO! –grita Karen, tapando la escena con su cara para que nadie sepa cómo demonios finaliza este combate que prometía ser, como mínimo, algo curioso de ver. Tal vez hasta digno. Quizás épico. Ahora nunca lo sabremos…
-No te hagas el idiota, que ya sabes lo que va a pasar cuando la Chicle-Hortera y Erchi se encuentren en la historia –replica Karen, que se sienta en el suelo y se cruza de brazos y piernas.
Karen, déjame decirte dos cosas: primero, aunque sea narrador omnisciente en esta historia, prefiero que te dirijas a mí en femenino, gracias. Segundo, si te sientas así, se te ven las bragas.
Enseguida se sienta de modo que no se le vean las bragas y sigue mirando a pantalla, enfadada.
De acuerdo, Karen, tú dirás qué hacemos ahora. Estamos en el piloto de tu historia, ¿sabes?
-Ya lo sé –replica ella, como una niña de cinco años-. Por cierto, ¿al final qué va a ser esto? ¿Novela? ¿Comic ¿Serie de animación?
Me parece que el formado se describe por sí mismo. Dejemos de lado las obviedades, querida…
-Ya, bueno. Entonces, haz algo que distraiga a mis fans, algo que los enganche a esta historia. Por cierto, a mí también me tienes que convencer, porque todavía no he firmado nada y no sé si lo haré.
Q…¿Que no qué? No me vengas con tonterías. Agárrate esas mini tetas que tienes, porque ahora viene lo bueno.

En una enorme casa de estilo oriental, Karen observa a un puñado de carpas de colores nadar felizmente en un estanque. Se escucha una especie de fru-frú a su lado y al mirar encuentra una caja. En su interior, halla un pergamino muy ricamente decorado.
-Oh, esto me suena –murmura Karen, mientras lo desenrolla con curiosidad.
De pronto, la luz más brillante que jamás ha brillado en este mundo, ciega toda visión. Al cabo, el pergamino se halla cortado en varios pedazos y Erchi, el pollo negro enano ninja, envaina la espada con la que acaba de cortar el pergamino.
-¡¿Qué coño haces, Erchi?! –grita Karen, muy irritada.
-Salvarte de leer esa mierda –replica Erchi, con una voz tan sensual e increíblemente guay, que es imposible seguir enfadado con él mucho tiempo.
-No entiendo por qué leer ese pergamino puede ser algo malo –confiesa Karen, que intenta juntar los dos pedazos de pergamino para poder seguir leyendo.
Erchi se lleva una ala a la cabeza y suelta un sensual y frustrado suspiro. Después de escuchar su voz, todo en él parece muy sensual, pese a ser un pollo.
-¿Cómo se titulaba el pergamino?
-“El Camino a la Abstracción” o algo así.
-Y ¿qué es la Abstracción?
-¿Algo así como la técnica de lucha más guay del universo?
-A parte de eso…
-¿Qué otra cosa puede ser?
Erchi agarra a Karen de la pechera y le asesta una bofetada.
-¡Las Artes Abstractas son las artes marciales más letales y peligrosas del mundo, cacho lerda! Sólo con leer uno de sus pergaminos sagrados, toda la desgracia del mundo puede caer sobre ti como una jodida lluvia de plomo.
Guau, eso es muy heavy, ¿no?
-¡Exacto! –Erchi mira a cámara un segundo y después suelta a Karen y se sienta sobre un cojín al estilo sensei.
Espera, ¿cuándo ha cambiado el escenario y hemos entrado en una sala de entrenamiento?
-Antes de meterte en las Artes Abstractas, deberías perfeccionar las artes marciales que ya conoces, polluela.
Karen se arrodilla ante él dramáticamente (¿está llorando?).
-¡Enséñame, Erchi-sensei! –ruega.
-¡Idiota! –grita Erchi, que de pronto está haciendo surf sobre la ola del famoso gravado de Ukyo-E- ¡Para ti, soy Pollobollo-sensei! O, tal vez… -de repente, Erchi se acerca a Karen (¿dónde están las olas?) y acaricia su mejilla con cariño- también puedes llamarme “hermanito”.
Karen se sonroja como si esto fuera un anime para niñas y sonríe, sus ojos con mil brillantitos y apunto de anegarse en las lágrimas más puras jamás vistas.
-¿Hermanito?
Esto se está poniendo un poco chungo y la gente espera un poco más de acción. Queda poco para que el Piloto finalice y aquí nadie ha entendido todavía de qué coño va, en general, esta historia.
Erchi y Karen miran a cámara, blancos como la nieve virgen de las montañas más altas del mundo.
-Mierda, es verdad –murmuran al unísono.


Año 2xxx. Los comúnmente llamados Liga del Mal (Agüero) han conquistado todo el país hasta convertirlo en el Imperio Milimétrico. Nada que no esté en su larga lista de leyes está permitido, ni siquiera a medias o una cosita chiquitita que se salga un poco de madres. El Imperio vive las veinticuatro horas del día temiendo quién será el siguiente en ser destruido por cagarla ligeramente con unas leyes tan estrictas y, ¿por qué no decirlo y así caer en la redundancia?, milimetradas.
Karen Pollobollo, una joven con firmes ideales, está decidida a desobedecer una de las más grandes, pesadas e importantes leyes: ir en busca del secreto de la Abstracción, un antiquísimo tipo de arte marcial que quedó totalmente prohibido al implantarse el Imperio.
Pero a Karen le importa todo eso una mierda, porque es de ideas fijas y está emperrada en dominar las Artes Abstractas. Y así empieza su viaje por todo el Imperio Milimétrico, en busca de algún indicio, un diminuto recuerdo o pista que la lleve hasta su ansiado objetivo.
Una serie de aplausos sigue a la bonita sinopsis que acabo de improvisar. Karen y Erchi, sentados cómodamente en unas butacas, con un enorme paquete de palomitas cada uno, parecen satisfechos con mi reciente explicación.
La narradora de esta historia, cuando quiere, es la leche.
… Espera, ¿quién ha narrado eso?
Erchi y Karen miran a cámara, también confusos.
-Yo he escuchado una voz que era como la de la narradora… pero que no era la de la narradora… -afirma Karen- ¿Eso es normal? A lo mejor se me ha ido la chola… ¡¿Estoy pirada?! –zarandea a Erchi.
-También lo he oído y yo no estoy pirado –replica Erchi, que parece no inmutarse con los viajes que le está dando Karen
¿Por qué todo el mundo se sorprende cuando descubre al segundo narrador?
Vale, no me jodas, eso asusta.
¿Te asusta ser narradora y al mismo tiempo ser narrada? Eres un amor…
Fuera de aquí. Esta historia me pertenece, ¡ningún “segundo narrador” puede entrar a narrar en ella lo que le venga en gana!
Al parecer, yo sí que puedo.
*Ruidos extraños de sierras y disparos* (espero que nadie se dé cuenta de la presencia de este silencioso y humilde tercer narrador).
Bueno, ya está toooodo solucionado.
-¿Has… matado al segundo narrador? –a Karen le cae una gota de sudor por la frente, un poco asustada.
¿Yo? ¿Matar a alguien? Si soy la narradora más amable y generosa del mundo. ¡Jamás podría pensar siquiera en matar a alguien!
-Vaaaale… -Karen se inclina hacia Erchi disimuladamente- Hermanito, más vale que hagamos una actuación de diez en esta historia, o me veo con la cabeza rodando por ahí. Y aunque sería algo curioso de vivir, no sé si podría… ya sabes… vivir para experimentarlo plenamente…
-¿Eso contenía algún chiste entre líneas o no te has dado cuenta de las palabras que escogías al hablar?
-Bueno, un poco de todo –Karen se rasca la nuca, un poco avergonzada, estilo Shin-chan.
Erchi se levanta y centra la cámara principal en él.
-De acuerdo –se aclara la garganta-. Me llamo Erchi Pollobollo, soy el heredero del Clan Pollobollo y el hermano mayor de Karen, la lerda de pelo verde de ahí detrás –señala a Karen, que observa la cámara a lo lejos sin enterarse de nada (es tan feliz, ella…)-. Si quieres saber POR QUÉ COÑO un pollo y una humana son hermanos, ya tienes una excusa para seguir con esta historia, porque esto sólo ha sido el Piloto, como ya se ha dicho varias veces. Si quieres saber A SANTO DE QUÉ venía este Piloto, ya tienes otra excusa.
Erchi bosteza y se sienta en una butaca. De repente tiene un lazo atado al cuello, como si fuera un peluche.
-Tienes mil excusas para seguir leyendo esta historia y no sólo quedarte con el Piloto. Seguramente estás pensando algo tipo "¿qué coño es esto? ¿Dónde me he metido?”. Es comprensible. Ahora, hazle un favor a la narradora pirada-asesina-psicópata y déjale un comentario de ánimos, ingenioso o, simplemente, con tu humilde opinión para que no comience a matarnos, uno a uno,  a todos los personajes de esta historia que apenas acaba de empezar a ver la luz.
Erchi se asoma desde el escote de Karen.
-¡¿Cómo coño te has metido ahí?! –grita Karen, sorprendida y con la cara roja como un pimiento porque, como es de comprender, nadie se esperaba esto, aunque ya se ha recalcado en varias ocasiones la descripción básica de Erchi: pollo negro enano ninja (alguien no prestó suficiente atención a la parte del "ninja”).
-¡A callar! -Erchi tapa la boca de Karen con esparadrapo y vuelve a mirar a cámara- Los Caminos de la Abstracción sin inescrutables. O eso dicen...

Fin del Episodio Piloto
-Zöe Öz

lunes, 29 de febrero de 2016

Powerpuff Girls D 01.5

Especial intermedio entre el primer y segundo capítulo del doujinshi. A mediados de semana tendréis el segundo capítulo :)


Aquí tenéis la versión original.

-Zöe Öz

domingo, 28 de febrero de 2016

¡La cosa más tonta del mundo!

Hace muuuuucho tiempo, comencé a escribir una de esas historias de "escribe lo primero que se te pase por la cabeza", ya sabéis, algo random y con poco sentido. En aquel momento, titulé dicha historia "La cosa más tonta del mundo" ya que no se me ocurría otro nombre, y así la he llamado siempre que me refería a ella.

Hace algún tiempo, tuve un formateo muy grande de ordenar y disco duro externo, por lo que perdí inevitablemente lo que tenía de esta historia. Para mayor desgracia, resulta que había borrado los capítulos que había subido a FanFic.es, por lo que no pude recuperar absolutamente nada de esa historia.

Hace poco, comencé a pensar en ella y, maldita sea, era realmente divertida de escribir. Así pues, e impulsada por mi pareja, decidí retomar esta historia y, ¿por qué no?, convertirla en comic.
Puede que la termine o puede que me quede a medias, pero quiero intentarlo.

Actualmente estoy escribiendo un Capítulo Piloto, para ver hasta qué punto puede funcionar este proyecto.

Y, cuando tenga las primeras páginas del comic, las subiré en este blog. Espero que el proyecto funcione, porque le tengo muchas ganas (el humor absurdo me pierde).

Sinopsis:

Karen Pollobollo, una joven con firmes ideales, está decidida a desobedecer una de las más grandes, pesadas e importantes leyes: ir en busca del secreto de la Abstracción, un antiquísimo tipo de arte marcial que quedó totalmente prohibido al implantarse el Imperio.
Pero a Karen le importa todo eso una mierda, porque es de ideas fijas y está emperrada en dominar las Artes Abstractas. Y así empieza su viaje por todo el Imperio Milimétrico, en busca de algún indicio, un diminuto recuerdo o pista que la lleve hasta su ansiado objetivo.

-Zöe Öz

lunes, 22 de febrero de 2016

Powerpuff Girls D 01

He aquí el primer capítulo del doujinshi de Bleedman.
Estoy muy ilusionada con este proyecto y espero que sirva para los hispanohablantes con dificultad para el inglés o que simplemente les apetezca leer una versión castellana.

Debo decir que he decidido no traducir los nombres de los personajes (en el caso de los que tienen traducciones), ya que existe una gran cantidad de países hispanohablantes y no una única traducción/adaptación de dichos nombres. Por eso los dejo en versión original.


Aquí tenéis disponible la versión original.

-Zöe Öz

domingo, 14 de febrero de 2016

Conejita miedosa

Segundo capítulo de Conejita.


-¿Tengo… tengo algo en la cara? –murmuré, haciendo a un lado mi timidez para que las palabras fluyeran con cierta soltura entre los dos.
Gabriel me miró con ternura.
-No, verás –se inclinó un poco más hacia mí. Creí que el corazón me explotaría allí mismo-, es que adoro el brillo de tus ojos.
Me derretí por dentro y balbucí alguna tontería insignificante. No le presté demasiada atención ya que el chico de mis sueños cada vez acercaba más sus labios a los míos. Oh, Dios, no sé si moriré antes de mi anhelado primer beso…
Sin embargo, de repente el ambiente cambió. No sabría decir en qué sentido, pero definitivamente ya no sentía la calidez de hacía unos instantes. Gabriel se había detenido y me miraba fijamente, muy serio, colocando sus manos sobre mis hombros.
Caray, aquello había pasado de una escena de amor a una escena de… ¿interrogatorio policial?
-Fionna, si no abres los ojos ahora mismo, te pego un morreo en toa’ la boca –me advirtió… ¿Gabriel con la voz de Marshall?

-Vale, tú te lo has buscado –Marshall se había colocado de rodillas sobre mí, con las manos a lado y lado de mi rostro. Abrí los ojos justo cuando tan sólo había unos pocos centímetros que separaba mi cara de la suya. Lo miré asombrada, sin aliento.
Él me devolvió la mirada acompañada de una sonrisa maliciosa. Antes de que pudiera hacer nada, su asquerosa lengua ya me había babeado media cara.
Mi mente terminó entonces de regresar al mundo real, otorgándome la habilidad de mover mi cuerpo a mi antojo. Y alcé una pierna rápidamente.
Marshall gritó algo con voz ahogada y se tiró hacia un lado, con las manos agarrándose la entrepierna.
-La madre que te parió –balbució temblando en el suelo.
Miré a nuestro alrededor, deseando desesperadamente que nadie nos hubiera visto. Por “nadie” me refiero a Gabriel. Por suerte, no parecía que hubiera moros en la costa. Suspiré y me levanté del suelo. Era el descanso de la hora de comer
-Que te den, Marshall –le espeté mientras me secaba la cara con la manga de mi jersey-. Eres un guarro, ¿lo sabías?
Cuando hubo superado aquella tontería de la patada en la entrepierna, Marshall se levantó y me miró como un gato receloso.
-¿Guarro, yo? –exclamó- ¿Sabías que la mitad de las babas que te estás limpiando son tuyas, Conejita babosa?
Estuve tentada de pegarle otra patada, pero me contuve.

Aquel día, había decidido al fin confesarme, hablar con Gabriel sobre mis sentimientos y, con un poco de suerte, conseguir mi primer novio. Marshall llevaba haciendo bromas al respecto desde que le había hablado de mi decisión.
-¿Sabes? –le espeté antes de entrar en clase- Deberías apoyarme, en lugar de reírte de mí.
Estaba cansada de que anduviera bromeando a mi costa. ¿Acaso no era mi mejor amigo?
Él me miró y se encogió de hombros.
-No me gusta ese Gumball –arrugó la nariz y desvió la mirada-. Pero bueno, cuando te dé calabazas, ya te haré de paño de lágrimas.
Y entró en clase tan campante. No daba crédito a lo que veía: mi “mejor amigo” era un capullo redomado. Pues qué bien.

Las clases de la tarde pasaron lentas y aburridas, provocando movimientos extraños en mi estómago debido a los nervios. Mi corazón latía con cierto miedo, casi con dificultad. ¿Iba a ser capaz de veras de confesar mis sentimientos a Gabriel?
Sí, claro que sí. Me lo había jurado a mí misma. Tenía que ser ese mismo día, sino, aquella situación jamás terminaría. Y yo ansiaba avanzar en mi relación con Gabriel. Para ser más exactos, quería tener alguna clase de relación con Gabriel. Puede que fuera un poco pretencioso intentar ser su novia. Pero quizás todavía no tenía ninguna –me había documentado bien al respecto- porque estaba esperando a la chica indicada… a mí.
-Y, si te da calabazas, ¿qué harás? –preguntó Marshall cuando la última clase de la tarde hubo finalizado.
Le fulminé con la mirada. Sus bromas cada vez me molestaban más. ¿Es que no era capaz de ejercer de mejor amigo nunca? Sin embargo, inspiré profundamente e hice oídos sordos a sus palabras. No iba a permitir que me desanimara de ningún modo. Si su plan era que me echara atrás, llevaba todas las de perder.
-Tengo que ir a la biblioteca –dije, manteniendo al serenidad.
-¿Otra vez?
-Sí, sigo necesitando un libro. ¿Me vas a esperar o no soy digna de tu presencia, señor gracioso?
Vale, estaba enfadada y no podía esconderlo. Marshall rio, parecía pasarlo en grande.
-Si su alteza real así lo desea, me quedaré a esperarla, mi lady –respondió, von voz y gesto pomposo, exagerando como de costumbre.
Arrugué la nariz, aunque en el fondo intentaba ocultar una sonrisa. No iba a ponérselo fácil. Había sido más que desagradable conmigo, no le vendría mal un buen escarmiento.
-Haz lo que quieras –respondí, caminando hacia la biblioteca rápidamente, rezando para que no hubieran cerrado todavía.
Una vez más, aquella sala aburrida y repleta de libros me saludó con el amplio silencio que reinaba en su interior. Apenas quedaba gente allí, todos estaban recogiendo o saliendo para marcharse a sus casas. No podía entretenerme demasiado.
Volví a repasar la sección del día anterior, ya que no le había prestado especial atención después de mi… despiste. Encontré un libro delgado y acompañado con algunos dibujos –aunque no eran especialmente bonitos-, recordaba vagamente la historia porque la había leído de pequeña. El Principito. De pequeña me había echado a llorar al terminarlo, aunque ya no recordaba el motivo. Quizás era por la emoción de terminar un libro –no es algo que haya ocurrido muchas veces a lo largo de mi vida, prefiero cosas más ligeras. Sin pensar mucho más en ello, lo cogí y fui a informar a la bibliotecaria de quería sacarlo.
Intenté no echarme a reír al encararme con ella. Todo el mundo afirmaba que tenía aspecto de tortuga –iba un poco encorvada por lo que tenía algo de chepa, y solía alargar el cuello cada vez que alguien le hablaba, parecía una caricatura andante- y casualmente siempre me entraba la risa floja con esa clase de tonterías, en especial cuando tenía a la pobre víctima ante mí. A veces pienso que soy mezquina, pero… ¿no nos pasa a todos que a veces nos reímos cuando no deberíamos y de cosas de las que no es correcto burlarse? Soy una simple humana, no puedo remediarlo.
El Principito! Qué gran libro –escuché a alguien decir a mis espaldas. Su voz, alegre y a la vez calmada, me atravesó. Sabía quién era antes de darme la vuelta.
-¿De… De verdad? –dije, porque no se me ocurría otra cosa más estúpida que decirle a mi querido Gabriel (cuánto odiaba ponerme nerviosa delante de él).
Él sonrió y asintió.
-Dicen que hay que leerlo varias veces en la vida –continuó-, porque cada vez te llega un mensaje muy diferente.
Mis labios, a la par que todo mi cuerpo, temblaron antes de poder articular palabra de nuevo.
-Caray, entonces estoy de suerte –por dentro deseaba que alguien me matara por lo poco elocuente que estaba siendo-, ya leí el libro de pequeña.
-Genial –seguía sonriendo. Posiblemente, aquella estaba siendo la conversación más larga que había tenido hasta la fecha con Gabriel. Casi no podía ni creérmelo.
-Aquí tienes –dijo la bibliotecaria, entregándome mi libro con la tarjeta en la que indicaba qué día tenía de límite para devolverlo.
Gabriel se colocó a mi lado, mi ser gritó emocionado por dentro y se quedó rígido como una estatua por fuera. Sobre la mesa dejó varios libros, aunque no me fijé qué tema trataban, sólo tenía ojos para mi perfecto príncipe encantador.
Salí de la biblioteca caminando como un pato, un paso por detrás de Gabriel. No podía dejar de observarlo. Él caminaba tranquilamente en silencio, como un modelo de revista bajo unos focos. Me sentí pequeña y distante, como si no perteneciera a su mundo, como si jamás fuera a pertenecer a su mundo.
No, nuestra conversación no podía quedarse en algo tan estúpido y casual como charlar sobre un libro dos minutos en la biblioteca del instituto. Tenía que haber algo más que pudiera decirle.
Me percaté entonces de que estábamos solos en el pasillo. Nadie nos observaba, nadie podía oírnos. Era el momento idóneo para decirle lo que sentía, lo que tanto tiempo había esperado expresarle.
-Entonces… ¿tú también has leído El Principito?
Genial, Fionna. Simplemente, genial. Un diez sobre diez. Felicidades, has llegado a la cúspide de la perfección en conversaciones importantes y vitales para la existencia.
Tardó unos instantes en detenerse y mirarme, con las cejas alzadas, sorprendido. Vi en sus brillantes y profundos ojos que le había pillado desprevenido. No esperaba que siguiera ahí, podía leerlo con demasiada claridad.
-Oh, eh… sí –dijo, seguramente tratando de sonar cordial y no molesto por haber interrumpido alguna clase de meditación personal-. No hace mucho.
-Ah, claro –sentía que la vida me abandonaba poco a poco-. Por eso dijiste aquello antes.
-Sí, perdona si no venía a cuento.
Silencio. Un amplio y casi pegajoso silencio se extendió de pronto entre los dos.
-Bueno… Me tengo que ir. Adiós.
Y siguió caminando. Como si nada hubiera ocurrido. Seguramente ansiando alejarse todo lo posible de una persona tan simplona como yo. Maldita sea, ¿de qué tenía tanto miedo? Ah, sí, de que él era perfecto y yo… yo sólo era un conejo estúpido y muerto de miedo.

-Anda que no has tardado, eres una lentorra –se quejó Marshall en tono burlón cuando me divisó en la entrada-. Estaba a punto de irme sin...
Entonces debió de darse cuenta de la expresión de mi cara, porque corrió los últimos pasos que había entre nosotros y me abrazó con fuerza. Y me eché a llorar como si no hubiera un mañana, como si pudiera inundar el mundo y no me importaran las consecuencias.
Lo sé, soy una dramática. Pero, creo que me merecía ser un poco dramática en aquel momento.
Marshall me llevó a su casa y nos hinchamos a patatas, galletas y toda clase de comida basura. Escuchó mi triste y estúpida historia sin mostrar ápice de diversión o burla, como el verdadero que a menudo olvidaba o dudaba que era. Me abrazó y me dejó llorar de nuevo hasta que me quedé a gusto. Realmente, Marshall era como el hermano que jamás había tenido. Y, por más idiota que me sintiera por todo lo sucedido, estar con él me tranquilizaba y hacía sentir mejor.
En algún momento, Marceline llamó a la puerta y un delicioso olor proveniente de algún lugar comenzó a inundar la estancia. Marcy era la gemela de Marshall, lo cierto es que si mirabas su cara con atención, podías dar con rasgos similares. En ocasiones, también podías ver gestos y otros detalles insignificantes iguales en ambos. Siempre he pensado en lo curioso que es tener un hermano gemelo.
-¿Qué tal, parejita? ¿Os apetece cenar pizza?
Marceline solía bromear sobre nosotros desde que éramos unos críos. Lo cierto es que hacía mucho que había dejado de importarme aquello. La idea de tener una relación romántica con Marshall se me antojaba demasiado absurda como para molestarme a estas alturas. Y estaba segura de que Marshall opinaba igual, aunque supongo que seguía molestándose por el simple hecho de que una relación entre hermanos no era verdadera si no había entre ellos gritos, peleas y bromas.
Mi boca se hacía agua mucho antes de que terminara la pregunta. Y como ya habíamos decidido que me quedaría aquella noche a dormir en casa de Marshall, asentí alegremente.
-Sí, queremos pizza –respondió Marshall por su parte-. Y ahora vete y deja de decir tonterías, Marcy.
Su hermana asintió con una amplia sonrisa de satisfacción y se marchó riendo. Entonces, miré a Marshall.
-Oye… -titubeé, sin saber cómo continuar sin sentirme de nuevo un poco idiota-, ¿me dejarás jugar el nuevo juego cuando te lo pases?
Por toda respuesta, Marshall ahogó una carcajada con muy poco disimulo y rebuscó en su mochila. Sacó su PSP y se sentó a mi lado de nuevo.
-Todavía no lo he empezado –dijo.
-¿En serio? –me sentí conmovida por lo genial que era mi mejor amigo.
-¡Claro! ¿Cómo vas a pasarte el juego tú sola? Seguro que necesitas ayuda y paso de tener que asesorarte cada dos por tres –rio con tono burlón. Yo le dediqué mi mejor mueca de ofendida-. Venga, Conejita tontaina, vamos a jugar.
Estuve tentada de darle una patada, pero sabía que todo aquello formaba parte de su plan para animarme. Además, sabía que Marshall era así, siempre había actuado de aquel modo. En el fondo, había dado con el mejor amigo que pudiera desear.

-Zöe Öz

Proyecto entre manos


¡Buenas, traigo una una sorpresa!
Hace mucho que sigo el webcomic Powerpuff Girls D de Bleedman en Snafu. Leerlo no me es ningún problema, aunque recuerdo haber empezado la lectura de dicho comic gracias a una traducción hecha por fans hace mucho tiempo.
Personalmente, la traducción me pareció bastante justa, una lectura poco fluida. Además, perdí las carpetas en las que había descargado dicha traducción debido a un formateo. Por eso, he decidido hacer mi propia traducción al español, para poder introducir esta genial historia a muchos otros lectores de habla hispana.

Iré subiendo poco a poco los capítulos traducidos al blog en entradas con la etiqueta Powerpuff Girls D (esta vez no crearé una página nueva en el blog, creo que con el sistema de etiquetas ya es más que suficiente ^^).

Espero que este pequeño proyecto que tengo entre manos sea de utilidad y apreciado por posibles lectores que hallen este diminuto rincón del cybermundo.

¡Os mantendré informad@s!

-Zöe Öz

miércoles, 10 de febrero de 2016

Actualización capítulo 7 de Conejita


Buenas, ya sé que va para dos semanas que debo actualización en Conejita, pero ando realmente liada y poco inspirada (me cuesta escribir el siguiente capítulo, sinceramente), así que puede que tarde un poco más.

Lamento la espera, intentaré que merezca la pena >:3

Gracias a todos los que leéis el fic ^^

-Zöe Öz

martes, 19 de enero de 2016

Conejita dormilona

He decidido empezar a subir el fan fic de Conejita aquí también :)  Os dejo el primer capítulo.

- Guuuuuaaaauuu… -suspiré mientras veía alejarse al chico de mis sueños.
Tenía el estómago un poco revuelto y las mejillas encendidas. Diría que incluso había empezado a sudar de los nervios.
-¿No crees que es guapísimo? –más que una pregunta, era una afirmación.
-Oh, sí, estoy que me derrito por él –resopló Marshall.
Marshall es mi mejor amigo. Hemos ido juntos de aquí para allá desde que alcanza mi memoria. Creo que no hay nadie que me conozca tan bien como él. Ah, y le encanta tocarme las narices, en especial cuando hablamos de los chicos que me gustan –el muy imbécil hace las veces de amigo y hermano.
Le fulminé con la mirada cuando su respuesta me sacó de mi ensoñación.
-No hacía falta ser sarcástico, ¿sabes? –protesté.
Por toda respuesta, Marshall sonrió con ese gesto engreído que tanto me fastidia y me revolvió el cabello.
-¡Joder, Marshall! –le grité, arreándole un buen derechazo en el brazo- ¡Hoy he madrugado para poder arreglarme el pelo decentemente! ¡Cómo se me haya electrocutado u ondulado otra vez, te mato!
En fin, el caso es que después de la pequeña batalla campal que habíamos montado en mitad de la calle, nos dimos cuenta de que llegábamos tarde a clase y salimos corriendo hacia el instituto.
Como la mayoría de la gente que vive en el pueblo, Marshall y yo estudiábamos en el Instituto Aaa. Nadie sabía con certeza por qué se llamaba así. ¿Eran siglas? ¿Un nombre místico muy antiguo? ¿O alguna clase de chiste privado entre el director y el alcalde? Sea como fuere, el hecho de haberme quedado embobada viendo a Gabriel Baker –el chico más guapo, amable, tranquilo y genial del mundo- y repitiendo en mi cabeza una y mil veces la escena de nuestro breve encuentro, era el principal motivo por el que ahora íbamos con el reloj en el culo. Y Marshall me lo recordaba a cada paso que dábamos…
-¡Si es que no sé qué narices le ves a ese Gumball! –se quejaba mientras cruzábamos a toda prisa la entrada del instituto. El conserje había estado a punto de dejarnos fuera.
Miré a Marshall con muy mala cara. “Gumball” era el apodo que le había puesto a Gabriel. El muy imbécil sabía de sobras que me sacaba de mis casillas que hiciera chistes a costa del chico que me gustaba.
-¡Sabes que no me gusta que le llames así!
-Y tú sabes tan bien como yo que mascar tanto chicle no puede ser bueno –canturreó Marshall.
Decidí dejar estar el tema por aburrimiento –sabía que Marshall podía seguir así horas. Bueno, por eso y porque la campana acababa de tocar y nosotros todavía estábamos perdiendo el tiempo por los pasillos.

-Perdona, se te ha caído esto.
Gabriel Baker me tendió amablemente mi monedero. Por alguna estúpida razón, todavía llevaba el que mi abuela me había regalado hacía algunos años: era de un rosa muy chillón, con conejitos blancos. Deseé que la tierra me tragara.
-Gracias –tartamudeé como una idiota, tan bajo que no estaba segura de si me habría escuchado.
-No hay de qué –él sonrió-. Ten cuidado la próxima vez.
Y se marchó con total tranquilidad, como si no hubiera nada en el mundo que pudiera turbar la paz interior de aquel chico.
Pero entonces, de repente, Gabriel se detuvo y me miró fijamente. Volvió a acercarse a mí y me tomó en brazos, como un elegante y maravilloso príncipe sosteniendo a una bella princesa. Sólo que… bueno, sustituyendo a la bella princesa por mí misma.
Me pareció que me susurraba algo y mi corazón se aceleró al comprender que acababa de declararme los sentimientos que tanto anhelaba yo confesarle.
Y entonces, como si todo fuera un bello cuento, Gabriel comenzó a inclinarse suavemente sobre mí, entrecerrando los ojos.
Estaba a punto de morirme allí mismo de felicidad cuando el chico de mis sueños abrió mucho los ojos y me gritó a escasos centímetros de mi cara.

-¡¿Mertens?! ¡¿Ha muerto usted, o tiene las orejas sucias?! – la voz de la señora Reed, mi profesora de literatura, me trajo de golpe al mundo real.
Di un bote y un grito sobre mi silla y la miré muerta de miedo.
-Si tan aburridas le parecen mis clases –me recriminó antes de que fuera capaz de articular palabra-, ¿qué le parece hacer un trabajo extra? Sí, quiero un ensayo de cinco páginas –y sonrió deleitándose al añadir-, bueno, si quiere pueden ser más, sobre… –se quedó pensativa unos segundos-, escoja usted misma el libro. Pero que sea un libro de verdad, no me vale uno de esos comics que usted lee. Para la semana que viene.
Sentí cómo el mundo entero se me venía encima.

Marshall llevaba un buen rato riéndose. Se agarraba el estómago con fuerza mientras se revolcaba por el suelo casi al borde del llanto.
-¡¿Cómo puedes ser tan lerda para que te pillen en clase cuando duermes?!
-¡Como si hubiera sido mi culpa! –repliqué al borde de la desesperación-. ¿Cómo me voy a leer un libro en una semana? ¿Y qué libro me voy a leer? Y… ¡Y yo no leo comics!
Marshall me miró, un poco más calmado.
-Sí que lees comics –repuso.
Arrugué la nariz.
Ni que fuera un crimen leer un comic de vez en cuando. ¡Esa señora Reed era una amargada que quería llevarme a su reino de la amargura y convertirme en su amargada discípula! Pero no entraba en mis planes de futuro ser la futura Reina Amargura.
Suspiré derrotada.
-Será cuestión de encontrar un libro muy corto –murmuré mientras me levantaba de la mesa.
Marshall me miró sorprendido. Me sentí un poco ofendida por ser tan sincero con sus expresiones.
-Voy a la biblioteca –le espeté antes de que pudiera articular palabra-. Y no, no hace falta que vengas. Voy a ahorrarte el mal trago de tener que acompañarme a Aburrimientolandia.
Mi amigo sonrió de lado, enarcando una ceja. Meneó una mano y rio.
-No entraba en mis planes acompañarte –sonreí de lado, agradeciendo sarcásticamente tener un amigo tan majo-. Tengo un nuevo juego que quiero probar antes de que suene la campana –añadió, meneando delante de mi cara su PSP con la pantalla iluminada por el título del juego que llevábamos meses esperando conseguir.
Abrí mis ojos desmesuradamente y casi salto la mesa para agarrarle de la camisa.
-Maldito cabrón, ¿por qué no me dijiste que ya lo tenías?
Marshall tardó unos segundos en reaccionar. Estaba a punto de preguntarle si tenía monos en la cara cuando volvió a sonreír y puso su mano en mi mejilla.
-Vaya, qué directa eres, Fi –dijo, fingiendo ese acento de actor porno sensual que ponía a veces, cuando me tomaba el pelo.
Mi cara se volvió roja como un tomate –porque soy imbécil y me sonrojo con facilidad, siempre me ha pasado- y me aparté rápidamente.
-Que te den, Marsh –bufé-, me voy a la biblioteca.

La biblioteca, ese lugar lleno de estanterías, a su vez llenas de libros, que siempre permanece en un silencio sepulcral, tan sólo interrumpido por el sonido de las páginas de los libros al pasarse o de una silla colocada estridentemente por algún alumno descuidado.
Crucé la puerta resignada, arrastrando los pies, y me dirigí a la zona de novelas, en busca del libro más delgado y con la letra más grande de toda la sala. Al dar con Alicia en el país de las maravillas me emocioné un poco: recordaba haber visto la película de dibujos cuando era pequeña.
Seguramente el libro es muy ligero, me dije con una gran sonrisa en los labios mientras sacaba dicho volumen de su estante. Lo ojeé un poco por encima y enseguida se me cayó el alma al suelo. Por el amor de Dios, qué cosa más aburrida, con todo ese prólogo y esas notas a pie de página que a veces ocupan casi toda la página… Cerré rápidamente el libro y lo devolví a su lugar. Seguí buscando por los estantes alguna cosa apta para mi minúsculo cerebro.
Y entonces, como si el mismísimo Cielo hubiera decidido echarme una mano a lo grande jugando con eso que los seres humanos llamamos “casualidades de la vida”, ocurrió.
Mi mirada captó un rostro pensativo al otro lado de la estantería que en ese preciso instante estaba investigando. Conocía su rostro como un acosador conoce los rasgos de la persona objeto de su profunda obsesión. Quizás esa no haya sido la mejor comparación…
El caso es que supe enseguida de quién se trataba. Gabriel Baker, mi querido Gabriel Baker.
Sí, ahí estaba la situación perfecta. Tan sólo tenía que empujar u poquito uno de los libros para que se moviera uno del lado contrario y así llamar su atención. Entonces él evitaría que el libro cayera al suelo y nuestras miradas se cruzarían. Y el tiempo se detendría. Y la estantería desaparecería por algún misterioso, aunque no por ello demasiado importante, motivo. Y nuestros cuerpos estarían muy juntos. Y nuestros labios se fundirían en un eterno beso de amor. Y todo sería maravilloso…
El caso es que mientras mi imaginación volaba muy, muy lejos de allí, mi cuerpo se movió solo y empujó el libro que tenía delante. Por consiguiente, varios de los libros del otro lado de la estantería cayeron al suelo. No sé cómo ni por qué, pero cayeron varios. Gabriel dio un paso atrás, sorprendido, y miró en mi dirección justo cuando yo volvía a la tierra, sobresaltada por el ruido que habían provocado los libros al caerse.
Mis piernas temblaron y sentí mi cara arder y las manos muy frías y pegajosas. Alguna cosa se había quedado atrancada en mi garganta, porque no pude más que balbucir algo parecido a “perdón” para, a continuación –y no estoy orgullosa de ello-, salir corriendo como una triste cobarde, dejando a Gabriel allí plantado, confuso, convirtiéndose en el culpable de todo el escándalo que había provocado mi estúpido error.
¿Moraleja? Oveja que bala, bocado que pierde. O algo por el estilo. Intenté no pensar demasiado en ello –aunque me fue imposible- durante el resto de las clases. Ya temía la risotada que soltaría Marshall cuando se lo contara o, peor aún, la cara que pondría si me topaba con Gabriel de nuevo.

-Oveja que bala, bocado que pierde  -canturreó Marshall entre risas.
Maldita sea, si es que parece que tengamos las mentes conectadas.
-No tiene gracia, Marshall.
-Oh, sí que la tiene. Y mucha.
Estuve tentada de arrearle un puñetazo, aunque eso no habría servido de nada. Hundí la cara en la almohada de la cama de Marshall. Habíamos ido a su casa a hacer los deberes juntos y a ver si encontrábamos algún libro para mí –porque, con la tontería de mi cagada monumental ante Gabriel, al final no había sacado ninguna novela de la biblioteca-, aunque la cosa había derivado al poco rato en un interrogatorio porque, según Marshall, yo llevaba desde que había vuelto de la biblioteca, poniendo caras raras, resoplando y suspirando todo el rato. ¡JA! Como si eso fuera verdad…
Bueno, puede que un poquito sí…
Sentí que algo me rodeaba los hombros y me meneaba como si fuera un muñeco de trapo.
-¡Oy, oy, oy, que la Conejita la ha liado parda con Gumball y ahora no puede salir a la calle! –exclamó mi amigo, obligándome a levantarme de mi silla para dar vueltas por la habitación.
“Conejita”. Así es como me llamaba Marshall a veces, cuando quería hacerme enfadar para que me olvidara de lo que fuera que me estuviera preocupando. Era un apodo estúpido que me había impuesto el año en que mis padres me disfrazaron de conejo por Halloween. Debíamos de tener 5 ó 6 años por aquel entonces.
Intenté agarrarme a sus brazos y le clavé lo poco que tenía de uñas, rogándole entre gritos asfixiados por la almohada que me soltara de una maldita vez.
Marshall finalmente me hizo caso y yo pude volver a llenar con normalidad mis pulmones de aire. Volvía  sentarme porque todo me daba vueltas.
-Te he dicho mil veces que no me llames así –me quejé mientras intentaba volver a situar el punto de gravedad de mi cuerpo.
Marshall me dio unas palmaditas en la cabeza. Supongo que para ayudarme a no salir del estado de mareo.
-No te lo tomes tan a pecho, Conejita –rio-. Ya sabes que cuando te dé calabazas yo estaré aquí para consolarte.
Le miré sonriendo de lado. En el fondo, aunque hiciera el imbécil, me hacía sentir bien. Muy a su manera, sabía cómo mejorar mi humor, aunque fuera un poquito.
Me crucé de brazos y clavé mi mirada en él.
-Ya veo cuánta fe tienes en mí. Menudo mejor amigo me ha tocado.
Él desvió la mirada y se estiró.
-Te fastidias, no te librarás de mí jamás, Conejita.
Esta vez sí que le asesté un puñetazo. Fue una venganza por lo de “Conejita” y por sus comentarios sarcásticos en general.

Ya sabéis, en la página Conejita tenéis info variada sobre el fic ^^

-Zöe Öz