jueves, 1 de enero de 2015

Introducción

Por el momento, no tengo más que la introducción de la historia, un prólogo.
Más adelante, abriré una página a parte en el blog donde estará todo lo que haya ido escribiendo junto (porque por la parte de blog iré subiendo poco a poco fragmentos que vaya añadiendo).
Es la primera vez que escribo de esta forma, así que si alguien lee mi historia, espero que le guste y que no se estrese demasiado con el blog.

Menos lobos, Caperucita

Puck se aburría como nunca antes lo había hecho. En realidad, siempre se aburría, pero cada día que pasaba lo hacía un poco más. De no haber tenido cosas que hacer –cosas aburridas, por supuesto-, habría escrito un libro entero destilando el aburrimiento. Podría haberlo alargado a una trilogía. O quizás una saga.
Mientras intentaba comenzar mentalmente la primera parte de la Enciclopedia sobre el Aburrimiento, iba de aquí para allá con la escoba. La gente normal, supuso Puck, tiene despachos razonablemente grandes o pequeños, dependiendo de qué clase de despacho sea. Pero el despacho de su maestro era otro cantar, jugaba en una liga muy superior. Era más grande que la biblioteca de Alejandría –Puck nunca había estado allí ni había visto cómo era de grande ese lugar, pero sonaba a algo importante y lo suficientemente grande como para compararlo con el laberinto de estanterías y armarios que había tras el escritorio en el que se sentaba a trabajar su maestro. Aun así, le tocaba a él limpiar que para algo era el aprendiz.
Oh, sí, el aprendiz... Pero, ¿aprendiz de qué? Puck había vivido con su maestro durante mucho, muchísimo tiempo. Ahora que se detenía a pensarlo, no recordaba cuándo había comenzado su aprendizaje, si es que limpiar y ordenar la casa era parte de ello. Oh, bueno, eso y las otras cosas aburridas. Si le llegan a decir en su día a Puck que iba a ir a hacer de aprendiz para estar todo el santo día limpiando y ordenando –bueno, había oído rumores acerca de otros “maestro” que tenían igual a sus aprendices- y practicando su caligrafía, ortografía, gramática, léxico, capacidad de leer en voz alta... en fin, quizás se habría metido a mozo de almacén, o alguna de esas cosas en las que haces verdadero ejercicio y cuando te vas a dormir no piensas “rayos, hoy sí que ha sido un día duro, he limpiado de arriba abajo el baño”. De hecho, se dijo Puck, él jamás trataría de aquella forma a su aprendiz, si es que algún día dejaba de serlo él para recibir el gran privilegio de tener uno a su cargo.
Estaba tan absorto en sus pensamientos y refunfuñando entre dientes que ni siquiera se dio cuenta de que se adentraba cada vez más con la escoba y los otros cacharros de limpieza en la infinita biblioteca.
     -Ya estoy harto –se quejó indignado, moviendo la escoba como si fuera una espada y pudiera cortar su frustración-, quiero un poco más de emoción en mi vida. No puede ser que esto sea mi vida para el resto… ¡de mi vida!
Puede que eso fuera el empujón que le faltara. Decisión. Sí, exacto, no podía seguir así eternamente, tenía que hacer algo. La cuestión era… ¿qué podía hacer?
Al parecer un “algo” superior tenía otros planes para él. Llamémosle Dios, Destino, Universo, Fuerza… la cuestión es que tenía un buen camino por delante. Y acababa de adentrarse en él sin darse cuenta siquiera.
Escuchó un fuerte estruendo a su lado. Y vio que una estantería caía hacia atrás por culpa de sus maniobras poco acertadas de esgrima escobera, llevándose por delante todo lo que encontrara. Y lo que encontró fueron más estanterías. Por suerte Puck no estaba en su punto de mira, cuando aquella caída en cadena hubo terminado, suspiró tranquilo. Dos segundos después se dio cuenta de lo que había hecho y entró en pánico.
     «He pedido un poco de acción en mi vida, ¡pero ahora puede que el maestro me mate! En fin, ¿no dijo alguien que “morir sería una gran aventura”? –se lamentó mientras rodeaba el mueble con cuidado, intentando levantarlo sin pillarse los dedos-. Bah, ¿quién sería tan necio de pensar algo así?»
No había remedio, el mueble pesaba como un muerto y no había forma de levantarlo… ¡Magia, claro! Con magia se pueden hacer muchas cosas, ¿verdad?
     «Menos mal que mi maestro es mago y me ha enseñado algún truco útil»
Puck rio irónicamente.
     «Oh, espera. No lo ha hecho»
El muchacho suspiró desanimado. ¿Qué clase de maestro no le enseña nada útil a su pupilo? En fin, la estantería no se levantaría por si sola, así que lo mejor que podía hacer era dejarse de lamentaciones e ir a buscar algo con lo que hacer palanca y arreglar aquel desastre antes de que su maestro volviera y lo convirtiera en punto de libro.


-Zöe Öz

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